martes, 28 de agosto de 2012

CONCEPCIÓN EN CIEN

NAVEGACIÓN DOMÉSTICA

Para mis amigos chilenos de la Universidad de Concepción.

Desde la playa los mirábamos. Seguían la vida cotidiana sin sobresaltos, su casa mecida por las olas, ahora sosegadas. Ella seguía barriendo la estancia; él continuaba leyendo el diario; el niño, apenas alterado, rebotaba su pelota en el pórtico de la casa, levemente bañado por el vaivén del agua salada.

Como la casa ya se alejaba hacia el mar sin horizonte, les dijimos adiós con las manos. El niño no dejó de jugar cuando ondeaba su mano para respondernos. La casa de madera se bamboleaba suavemente, mientras las olas apacibles la seguían alejando del arraigo de su domicilio. 

Habitación 31, Pía Aldana.

Nota bene: Por no ser residente permanente, no puedo participar en el concurso de cuento Concepción en Cien Palabras, http://www.concepcionen100palabras.cl/2012/, que promueven varias instituciones culturales chilenas. Dejo aquí para su solaz y regocijo esta colaboración.

viernes, 24 de agosto de 2012

LA EDUCACIÓN DEL ESCRITOR

La estela de Valadés
En su antigua revista, El Cuento. Revista de Imaginación, don Edmundo Valadés promovió un certamen literario que bautizó con el nombre de Concurso de Cuento Brevísimo, en el que participó una parvada de escritores pertenecientes al orbe hispánico, una parte de ellos entonces narradores noveles que hoy se han convertido en maestros del género, en clásicos de la minificción, entendida como el arte de narrar en corto una historia. La revista también alimentaba un espacio didáctico para comentar con los participantes del concurso, los colaboradores habituales de la revista y sus lectores los aciertos, yerros, felicitaciones y avisos de publicación de este o aquel intento logrado. En el centenar de números publicados se encuentra almacenada la sabiduría literaria del maestro y principal divulgador del microrrelato en Hispanoamérica.
Siguiendo esa estela valadesiana, Alberto Chimal en su bitácora electrónica, Las Historias, alienta un concurso basado en un estímulo de escritura: una imagen colgada en la red o captada por la propia lente de Alberto se convierte en el pretexto. Mes a mes, una estampa catapulta la imaginación literaria de medio centenar de participantes; el ganador del concurso es anunciado públicamente en la bitácora y a quien se le entrega otra imagen, un “trofeo virtual” que lo acredita como ganador del certamen.
En los ocho años que acumula el certamen, Alberto —en alianza con una editorial de bajo presupuesto— reúne en un volumen a los ganadores de los primeros cinco años, detalle que me hace inferir que habrá otro libro compilatorio con las narraciones triunfadoras. El resultado es la cuentalia que integra Historias de Las Historias, que compila ochenta y seis narraciones de cortísimo palabraje, algunos de cuyos autores se han ido perfilando en la escena literaria, otros más sus nombres son un enigma pues firman con seudónimo o buscan su personalidad literaria escondiéndola. David Chávez, José Luis Zárate, Fernando Sánchez Clelo y Felipe Huerta Hernández resuenan ya por su creación narrativa difundida en las redes, los blogs literarios y su inclusión en las más recientes compilaciones antológicas. Aparte de que el primero es un experto doctor en el género de la microficción. Más allá del nombre de las batallas literarias de los autores, la creación literaria es lo que importa, pues habrá de permanecer en los acervos culturales y formará parte de la arqueología narrativa de cada uno de ellos.
Conjeturo por sus temas que se trata de escritores en la treintena o más jóvenes, sobre todo las escritoras. Menciono este detalle generacional porque es el momento óptimo para la formación del escritor, ejercicio docente donde justamente incide Alberto —tarea que nadie sufraga, por cierto—, considerando que a dicha edad ya se posee instrucción, educación sentimental, experiencia en el amor y la práctica del deseo, además de otros acervos disponibles en sus patrimonios simbólicos. Asimismo debe ponderarse la enseñanza de la escritura y las funciones sociales que cumple la bitácora, el taller y su concurso.
Las invenciones contenidas en Historias de Las Historias, recrean justamente experiencias derivadas de las edades señaladas, incluido el despertar digital, los excesos etílicos, las calcas, los alienígenas, la actualidad política, el terror y las fantasmagorías, la infancia, los placeres, entre muchísimos otros temas más que revelan el talento de sus autores, la voluntad estilística y los afanes por conformar un universo propio. Y no farfullo más sobre la imaginación literaria de los escritores, pues los ejemplos constatan dicha cualidad.
Como detalle extraliterario, apunto que a la edición del volumen le faltó incluir en el índice el nombre propio o la firma de los narradores, pues no basta con anunciar los cuentos con el mero título, ya que se requiere de su autoría para navegar con soltura por ese mar apacible de historias.


Alberto Chimal (selección y prólogo), Historias de Las Historias, México, Ediciones del Ermitaño, 2011, 144 pp. (Minimalia. Minificción) 

miércoles, 22 de agosto de 2012

ELOGIO DE LA TERTULIA

Estampas de la vida bohemia
Tan afecto era Pedro F. Miret a la vida bohemia que en una de sus colaboraciones periodísticas asentó un elogio de la tertulia, donde alentaba esta institución de la república literaria, pues participó de varias, entre ellas una donde pululaban los cineastas y las actrices, otra donde los escritores predominaban y una más donde los refugiados de origen español dominaban la escena.
En la actualidad dicha institución, la tertulia, sigue viva entre nosotros. Los mentideros en la república de los poetas vivos abundan. Puede encontrarse viva y en acción en el estado de Puebla, en la ciudad de Mérida o en Tijuana. El café, el bar o los restaurantes son los sitios ideales para su realización. Los cabarets no, porque ahí se va a otra cosa, aunque se arrastre hasta allá la estela de la conversación. Sin embargo, habrá quien la realice en esos ámbitos tan propicios para el habla.
Como apuntaba Miret en aquel texto periodístico, en torno a la mesa de la tertulia se suceden los temas: el orden o su concierto no importan, no se gobiernan y menos se administran. Importan la charla, el punto de vista y la agudeza del planteamiento. La literatura, el cine, la música, la circunstancia política autóctona, los temas discurren con naturalidad tanto por la agitada conversación como por los ardores etílicos, o por el valor en sí de las aportaciones de una u otra disciplina, de uno u otro autor. Los libros y la lectura son madejas que siempre se desmenuzan durante el aperitivo y la degustación del platillo fuerte, cuando se escancia el vino, o mientras los fumadores se apartan a la hora del tabaco requerido. Las novedades culturales y la puesta al día del horizonte político son otros de sus nutrientes, además de las beldades del espectáculo, la alegre vida de noche o las mujeres con cierto andar que animan la vida cotidiana.
Ningún día es mejor que otro para su celebración. Basta la mesa, el escenario y unos parroquianos dispuestos a conversar con ánimo tolerante sobre las menudencias de la vida, aparte de cierto recogimiento y el silencio.
La tertulia de Laberinto, el suplemento cultural de Milenio, se congrega en torno a las personalidades de Armando González Torres y José Luis González —poeta uno; periodista el otro— cuyo grupo de cofrades se reúne desde hace años en diferentes sedes (El Covadonga, El Gallo de Oro, Cantabria, El Palacio e Imperio, actual comedor, mentidero y bebedero) para concelebrar ese arte milenario de la conversación, donde participan, además de los mencionados, Armando Alanís, Iván Ríos, Roberto Pliego, Raúl Renán, José de la Colina, Juan Manuel Torres, José Antonio Lugo, Norma Salazar, además de Lupita, María y Gabriela. JP también participa del convite tertuliar. Suelen acompañarlos Héctor de Mauleón, Braulio Peralta, Eusebio Ruvalcaba, Roberto García Bonilla, más otras presencias esporádicas. La esencia de la tertulia y su representación en la mesa es la hospitalidad y la bienvenida a los visitantes.

Juan, María, José, Iván, Colina, José Luis, Armando y Roberto.

Cada santo viernes, al punto de la comida, se reúne el grupo para departir, charlar sobre la trascendencia de Madame Bovary, el pejismo, la mejor novela del siglo veinte, la música de nuestros días o las políticas públicas sobre el patrimonio cultural…, los temas se suceden con la naturalidad de una conversación sin sujeciones. Y entre tema y tema, a manera de nexos, el Quijote, Tristam Shandy, Rayuela, En busca del tiempo perdido, como es natural dominan los temas literarios por la configuración intelectual de los participantes. Por su parte, los oficios domésticos, la familia, los quejumbres por la salud no son asuntos habituales en torno a la mesa, aunque eventualmente condimentan la gastronomía. Sí, en cambio, el intercambio de las novedades editoriales cuya autoría recae en los aludidos; el obsequio de ellas forma parte del rito, un rito muy fértil, por cierto, pues cada tertuliano mantiene una producción cristalizada no sólo en libros, sino en la radio, las revistas, los suplementos culturales y, en menor medida, la televisión. La presencia en internet no se cacarea, aunque sea abundante, quizá debido a que todos pertenecen al antiguo régimen del libro y las realizaciones acogidas en el espacio virtual no se vean como trabajo a celebrar.
La amistad campea en la tertulia, es verdad, pues amigos son los que asisten, comparten y divagan. El humor, la ironía y la picaresca son sus condimentos naturales. Aunque no se idealiza, la competencia y la rivalidad no pertenecen a ese espacio de socialización, pues se convierten en catalizadores negativos de la charla, la ingesta de manjares y la copa de vino. Arruinan el postre. 

María, Armando, Iván, Roberto, Eusebio, Armando y Juan.

jueves, 16 de agosto de 2012

ÁLBUM DE LOS ÁCAROS

Zoología doméstica
El microrrelato que se practica en nuestras latitudes ha llegado a un punto culminante de su arraigo. Cimas conquistadas por género son las varias antologías dispersas por las regiones de Hispanoamérica que espigan sobre temas como la infancia, la violencia de género, los pecados capitales, los fantasmas, la animalia fantástica o el bestiario naturalista, incluso la compilación del ejercicio escritural de un taller virtual, como fue la selección emprendida por Alberto Chimal en Historias de las Historias, nacidas y tallereadas en su bitácora electrónica.
El libro de los seres no imaginarios (Minibichario), sigue esta estela de los libros colectivos, ejecutado por la batuta virtuosa de José Manuel Ortiz Soto, médico pediatra que en sus ratos libres anima blogs literarios y esculpe la piedra dura del cuento breve entre niño enfermo y paciente curado. En ese ínterin se asoció a los fotógrafos naturalistas Enrique Ramírez García, Beatriz Hernández Meza y Alejandro Boneta, a su manera exploradores de los habitantes de los mundos mínimos, que son los ácaros, esos bichos no siempre microscópicos que residen también en el mundo, huéspedes de nuestras casas y animadores de las pesadillas que irrumpen en los sueños.
José Manuel, en acuerdo con los fotógrafos, seleccionó y repartió las imágenes fotográficas entre la grey microficcionista, para que las consideraran como un estímulo de escritura. El medio centenar de cultivadores de mundos mínimos, terminado su trabajo, se lo mandó al antólogo para su ponderación, que consideró necesario un tallereo, trabajo literario por el que se desprendieron observaciones, enmiendas y hartas porras. El trabajo más arduo fue convencer al editor, quien después de levantarse las solapas, accedió a publicar el Minibichario.
El resultado final está sobre mi mesa. Un libro elegante, hermoso a la vista ilustrado a color, estampadas sus imágenes sobre papel couché, como corresponde a la invención fotográfica y la creación narrativa. La edición, salvando las erratas que todo libro exige en su arquitectura interior, es la adecuada. Asimismo destaca la generosidad del antólogo, al invitar al mismo ágape tanto a novísimos narradores (David Baizabal, Amaranta Caballero, Laura Elisa Vizcaíno et al.) como a los maestros del género (Agustín Monsreal, Guillermo Samperio, Norberto de la Torre), hospitalidad señalada por la prologuista, Lucila Herrera. Agrego otro detalle no menor, que navega a contra corriente del tan cacareado y vilipendiado centralismo: la procedencia regional de los escritores, asentados en los más variados estados de la república literaria, pues se domicilian tanto en Tijuana como en Mérida, en Tabasco como en el Estado de México.
El tiraje de un millar de ejemplares, que espero colme la demanda de los adictos al género en corto tiempo, y la elocuente portada, tan distintiva del sello de Ficticia, me hacen envidiar a los autores seleccionados y azotarme la cabeza contra la pared y maldecir mi desidia, por no haber enviado mi cuento “Vida de la mosca” —véase la entrada del 7 de agosto, “Con el gol en la frente (ii)”—, ilustrado por una horripilante mosca atrapada por la lente de Beatriz Hernández Meza, y protagonizado por este animal esencialmente literario, tan monterroseano, que pulula tan campante entre las prosas de don Augusto, como las prostitutas, las causas perdidas y las sirvientas.* 






José Manuel Ortiz Soto (antólogo), El libro de los seres no imaginarios (Minibichario), fotografías de Enrique Ramírez García, Beatriz Hernández Meza y Alejandro Boneta, prólogo de Lucila Herrera, México, Ficticia, 2012, 93 pp. (Biblioteca de Cuento Contemporáneo)


* Una versión enriquecida de la reseña apareció hoy en la Internacional Microcuentista, gracias a la generosidad de Martín Gardella y Esteban Dublín, sus animadores.