lunes, 3 de junio de 2024

LA SIRENA Y EL MAR

 Yuritzi J. Santiago Méndez 

Cuando era niña, mi mamá solía contarme cuentos sobre sirenas que vivían muy felices en el fondo del mar junto a los delfines, tortugas e incluso ballenas. Era pequeña, no tenía más de diez años, así que las sirenas se convirtieron en mi obsesión durante un rato. Diciembre arribó y con él la oportunidad de viajar a Acapulco. Mis papás conocían mi adoración por el mar, así que decidieron celebrar mi cumpleaños número siete en la playa. Recuerdo que hicimos bastantes compras, pero la única cosa que yo quería llevar a esas vacaciones era una sirena morada de juguete que mi mamá me había comprado en el mercado que se ponía a tres cuadras de mi casa. Mi sirena morada era la única cosa que yo creía importante llevar a ese viaje. 

Recuerdo que fue un viaje en autobús que nos llevó cinco horas completar, pero estábamos demasiado emocionados para darnos cuenta de que estuvimos tantas horas sentados, pues nuestro plan número uno al llegar ahí era ver el amanecer en la playa. Luego de que nos registráramos en el hotel, mis papás y yo corrimos hacia el mar y logramos disfrutar de un espectáculo inolvidable. Los colores más cálidos inundaron el cielo y el mar se veía más hermoso que nunca. Tal vez era mi primera vez viendo el mar, pero cuando mis ojos lo observaron, sentí un montón de emociones alegres y positivas que me llenaron el corazón. Al fin estaba frente al mar y los dibujos de él en mis libros de cuentos no se comparaban en nada al real. El mar brillaba como si sobre él hubiera diamantes invisibles y las olas bailaban tranquilamente soltando una brisa fresca que chocaba contra nuestras mejillas. A mi mamá siempre le dio miedo el agua del mar y aquella vez no fue la excepción, sin embargo, estaba igual de satisfecha y fascinada por la belleza única de aquella vista que disfrutábamos que incluso se acercó más allá de la orilla. 

Mis papás me tomaron de la mano fuertemente y cuando las olas me mojaron, no pude evitar gritar de la emoción por lo fría que estaba el agua. Mi sirena estaba conmigo en aquel momento, así que su cabello lila estaba empapado y a su cola morada se le había metido un poco de agua. Después de eso yo la enterré en la arena e incluso le construí un castillo. Tenía siete años, era mi cumpleaños y a mi parecer mi sirena morada estaba igual de feliz que yo por estar en el mar por primera vez. 







martes, 27 de febrero de 2024

DICCIONARIO DE LAS FICCIONES POLICIACAS

 Numeralia (corte a octubre de 2023).



miércoles, 14 de febrero de 2024

MANUAL DEL PERGEÑADOR DE MICROCUENTOS

 

MANUAL DEL PERGEÑADOR DE MICROCUENTOS 

 

1. Elige un personaje que deambule por la acera (mendigo, zapatero, dependienta…). A los héroes de bronce ya les urdieron su epopeya. Ahora la gente sin historia espera contar la suya. La nuestra; la tuya. 

2. Nómbralo —la identidad del personaje determinará su andar. 

3. Hazlo andar por su mundo: la calle, la zapatería, el mercado… 

4. Actívalo —la acción, el movimiento, es imprescindible en el despliegue de su historia.

5. Puedes describirlo con un rasgo físico o sicológico. Si no lo haces, sus acciones y pensamientos lo describirán. 

6. Enfréntalo a un conflicto —no a cualquier dilema: al que lo define como héroe de esa historia, su historia.

7. Confrontándolo así, quizá se redima por el dilema, o muestre su lado más humanamente salvaje. 

8. Elegidos los elementos y puestos en práctica sobre una hoja en blanco, o en el procesador, revisa de cada vocablo su propiedad ortográfica, los signos de puntuación, la palabra necesaria y justa. Poda las sobrantes. 

9. Revisados estos elementos, pasa a la historia, que no debe contener huecos, ni ambigüedades, tampoco anécdotas secundarias, personajes innecesarios o tramas en germen, a los que debes podar sin piedad. Toda historia narrativa es una esfera, perfecta en su circunferencia y redondez. 

10. Cuida su final. Aquí se redime tu héroe, o se consagra al lado oscuro del alma humana. Procura hacer el bien o asesina. 

11. Titula tu relato. El título sinópticamente contiene la historia, además de reflejar rasgos del estilo. Por ellos —título, historia, estilo— se concreta la visión de la humanidad y el mundo del escritor; en otras palabras, la ideología del autor. 

12. Revisado y corregido, léelo en voz alta, de esta acción saldrán enmiendas. Adáptalas y adóptalas a la naturaleza de tu estilo e historia. 

13. Guarda tu historia por un tiempo, aléjate de ella (un día, una semana, un mes…, sólo tú sabrás cuánto), después vuélvela a leer y corregir. El tiempo acontecido filtrará sus imperfecciones. 

14. Transcurrido el tiempo, es momento de enviarla al editor, o de fundirla en el libro cuentístico que preparas, ya de minificciones o de cuentos. 

15. Publicar tu cuento en una revista, ganar un premio o integrarlo a un libro, es el mayor estímulo y reconocimiento para un escritor de historias breves, canónicas o novelares. 

16. Finalmente, escribe día a día. Elige el momento, el espacio y las horas que le dedicas a tu escritura. Tal vez una hora, tres o nueve en tu empeño narrativo basten por la mañana, durante la puesta del sol o por la noche ingrávida. Sólo tú sabrás elegir el tiempo que te ofrezca mayores estímulos para entretejer tu ficción. La duración blandiendo el lápiz concede oficio, disciplina y dominio de la técnica cuentística. La mesa del comedor, la cama o la cafetería, incluso la sombra benévola de un jardín, son escenarios idóneos para poner en práctica la escritura. Adopta el lugar que te reconforte y anime a contar, repetir, plasmar la fabulación de la gente con historias. 

Adelante, el lápiz y la hoja te aguardan. 

martes, 13 de febrero de 2024