miércoles, 13 de mayo de 2009

Enhorabuena, JEP



Foto: Omar Meneses / Laberinto


El fin de semana pasado a José Emilio Pacheco le fue concedido el Premio de Poesía Iberoamericana Reina Sofía 2008 por así lo creo una obra que transita del poema al cuento, de la novela al ensayo, de la traducción al aforismo, del microrrelato al periodismo cultural.
El conjunto de su obra educó a la generación de escritores nacidos en los años sesenta, que lo frecuentamos en su columna “Inventario”, que semanalmente aparecía en la sección cultural del semanario Proceso. Tanto sus colaboraciones en dicha revista como sus aforismos y microrrelatos todavía no han sido recopilados e impresos en libro. Ésa es una deuda muy grande que han contraído sus editores y nosotros, sus lectores.
Enhorabuena, José Emilio.

jueves, 7 de mayo de 2009

Bitácora de los fluidos (IV)

Escribí en una nota anterior que el virus estaba compuesto en su genética por microorganismos provenientes del pollo, el cerdo y el homo sapiens, pero hoy las circunstacnias me exigen una corrrección. No fue del pollo, sino del pato de donde se desprendieron esos bichos nocivos que armaron la bomba biológica que azota la ciudad de México y otras del mundo.
El apocalipsis no vendrá del desastre nuclear, como afirmaron las invenciones novelescas o la imaginación fílmica del siglo pasado, sino de la granja, por cuya rebelión acabará su reinado el hombre.
La guerra entre los reinos será microscópica.

lunes, 4 de mayo de 2009

Bitácora de los fluidos (III)

Lo que nunca se había logrado en México lo conquistó la epidemia: los estadios sin muchedumbres, las iglesias vacías, los tacos de la esquina sin comensales. Cantinas sin parroquianos. El día de la Santa Cruz sin su festejo.
Suspendidas las celebraciones, el fin del júbilo llegó sin aspavientos. Las rutinas quebradas: los mexicanos al fin en casa. Elogio del tedio, palinodia del entretenimiento.
Genéticamente proclives a la celebración estruendosa, los mexicanos al llegar la influenza se recogieron en sus casas, en un extraño duelo mitad resignación, mitad culpa. Aquí fue el epicentro. El temor a la enfermedad nada más se percibe en el esparadrapo azul que cubre sus bocas. Y el harapo sanitario lo usan nada más en ciertas zonas de la ciudad, no es generalizado ni obligado. ¿A quiénes le importa?
Ayer en el mercado sobre ruedas, la romería popular de los domingos en la que se abastece de frutas, verduras y carnes la gente humilde, no vi a nadie que lo portara, mientras compraba brócoli, lechugas y nopales. Ni marchantes ni clientes. Madres o lactantes. Naturalmente todos están a la expectativa de cuándo el gobierno levantará la veda, pues las rutinas sociales son las que estructuran sus vidas.
¿El miércoles 6 de mayo, o un día antes del 10 de mayo, celebración nacional de las madres mexicanas? Ciertamente, nunca hasta ahora dejada de concelebrar.