miércoles, 18 de abril de 2012

ÁLBUM DEL SUR PROFUNDO

Tercera estampa
Como ya fue anunciado en entradas pasadas, vine a Chile a impartir un seminario y a la defensa de una tesis doctoral. Del programa hago público la parte correspondiente a la presentación. El documento completo (programa, antología, bibliografía y cuaderno de trabajo), pronto estará disponible en formato pdf en el sitio de la RedMini, conocida para los parroquianos habituales de esta bitácora.




HORIZONTE DEL MICRORRELATO
Un acercamiento teórico-práctico al microrrelato latinoamericano
Título del seminario: Horizonte del microrrelato. Un acercamiento teórico-práctico al microrrelato latinoamericano.
Profesor: Dr. Javier Perucho (Universidad Autónoma de la Ciudad de México).
Lugar: Universidad de Concepción, Posgrado en Literatura Latinoamericana.
Duración: 10 sesiones de tres horas cada una (2 semanas).
Tiempo: 180 minutos por sesión.
Fecha: del 16 al 27 de abril de 2012.
Cupo límite: 30 estudiantes.
Costo: gratuito.
Espacio: salón de clase normal (pizarrón, borrador, plumones, fotocopias). Grabadora de cd y/o proyector de dvd.
Turno: matutino, 15-18 hrs., tiempo local.
Material didáctico: “Esplendor de sirenas” (edición en pdf); audio de El Peso Exacto de un Colibrí (cd-Radio unam, sesión sobre sirenas); Monterroso en su jardín (dvd); Lotería de la microficción mexicana (Power Point); bibliografía (edición en pdf) distribuida en fotocopias o mail, audio de El Peso Exacto de un Colibrí (cd-Radio unam, sesiones sobre Chile Y Argentina).
Invitados: Andrés Gallardo, David Chávez, Mario Rodríguez.
Modalidad: curso teoría (90 mins.); taller y práctica (90 mins.). Invitados por confirmar.
Descripción: se trata de un cursillo en modalidad de taller que a la vez que explica la naturaleza literaria del microrrelato, incentiva la creación de esta arquitectura prosística entre los estudiantes, quienes lo practicarán dentro o fuera del salón como ejercicio. Se define, ejemplifica y deslinda su naturaleza con un muestrario prosístico entresacado de los géneros afines, como son el aforismo, el poema en prosa, la estampa, la fábula, además de ciertas modalidades de la tradición oral, a saber, la leyenda, la adivinanza y el chiste, con los que suele confundírsele o asociársele. Las prácticas consisten en ejercicios narrativos para el estudiante que les serán devueltos en la sesión inmediata con las respectivas observaciones del profesor.
El material didáctico y el programa, en formato pdf, será enviado por anticipado para su reproducción por los organizadores o los estudiantes inscritos. La bibliografía general se adjunta en este archivo. De requerirse, se anexará la programación corta de cada sesión.
Pedagogía: el profesor recurre a una didáctica en la que el estudiante, interactuando con él, colabora en la sesión de manera participativa definiendo conceptos, encontrando rasgos, leyendo en voz alta, haciendo preguntas y ejercitando fuera de clase. La retroalimentación entre educandos y educador funda el eslabón entre sesiones, además de alimentarlas, animarlas y graduarlas. El diálogo es la correa de transmisión del saber.
Objetivo: Mostrar la naturaleza y arquitectura interior del microrrelato, además de trazar un panorama de sus cultivadores y registrar el censo de su obra en Hispanoamérica, asimismo deslindarlo de las formas populares, folclóricas, de tradición oral, así como trazar su paralelismo con las formas culteranas, a fin de despejar su campo genérico de otras expresiones breves de la tradición literaria con que se le asocia.
Contenido: el seminario se divide en dos periodos cada sesión. El primero tiene dos grandes apartados: a) en el primero se establece la definición del microrrelato como género literario; b) su historia, cultivadores, obras. En el segundo, práctica del género por los participantes en el seminario, con el respectivo tiempo de retroalimentación, donde se pasa de la teoría a la práctica de la escritura, en que los participantes pespuntan sus respectivos microrrelatos a partir de un estímulo de escritura, que se entrega debidamente impresa al expositor para su lectura, edición y comentario posterior, ejercicio narrativo que se devuelve en la sesión siguiente.
Los siguientes ejercicios son muestras del trabajo en el taller, que hoy devuelvo con observaciones, reproducidas con autorización tardía de sus autores.

PRIMER BESO
Jeannette Gavilán T.
Descendí, descendí, descendí. Rescatada del sueño mortal, besé con pasión nubes, sol, tierra, lluvia, labios con sabor a vida… a vida.

Concepción, 16/04/2012

[TÍTULO]

Eduardo Osvaldo Aguayo Rodríguez
Lo besó al caer la tarde, cuando todos en la ciudad empezaban su retorno a casa. El vértigo que sintió duró lo que duran los peces cuando saltan sobre la superficie del agua. Se dejó resbalar, los ojos cerrados, presintiendo la flor que el tiempo convertiría en un monumento inolvidable, pero lo cierto es que igual se quisieron e incluso creo que también igual se amaron, un poco como hambrientos o vagabundos, es decir, con todo lo que tuvieron al alcance de la mano. El resto del relato es extenso, insignificante; el recuerdo, sin embargo, reaparece por momentos, de tarde en tarde.


Foto: David Chávez. Presencia de América Latina, mural de Jorge González Camarena (1965), Pinacoteca Universidad de Concepción.

martes, 17 de abril de 2012

ÁLBUM DEL SUR PROFUNDO

Segunda estampa
Afortunadamente me reservaron El juguete rabioso (Buenos Aires, Claridad, s.a., 174 pp., Colección Claridad. Cuentistas Argentinos de Hoy), a un precio mayor del pactado el día anterior, con la maña ventajosa del librero que se excusaba de no recordar ese detalle, pero sí recordaba otros de nuestra conversación, por ejemplo, que le pagaba el libro con dólares. En fin, esa reliquia ya “leída” ahora guarda reposo en mi veliz.
Afortunadamente el día fue limpio, fresco, sin viento, alumbrado por un sol de verano, aunque no me desprendo del suéter. Aquí el frío es de montaña.
Luego de comer en El Quijote, aquí se acostumbra la ingesta de alimentos a las 13 hrs., acompañado de David, nos dirigimos a la universidad. El seminario arrancó puntual con diez estudiantes, mayoritariamente de posgrado, en un saloncito con aforo para veinte butacas, pizarrón, mesita y demás instrumental para el ejercicio docente. Luego de la dinámica de presentación de los estudiantes (nombre, grado escolar, tema de investigación, trabajo e idea del microrrelato), comenzó el seminario con una definición operativa del “cuento jíbaro”, denominación que obligó al seminarista a exponer las razones del término por interpelación de un participante. Aunque tímidos los estudiantes, la dinámica tuvo su ritmo, que espero mantener para no desalentarlos, ya que su presencia obedece al impulso de la voluntad de saber, uno de los motores del mundo y su humanidad que lo habita.




El primer ejercicio de escritura potencial fue planteado: “Mi primer beso”. Muestras de asombro. Bisbiseos. Acaso reticencias por el acto de la escritura inminente o la temática. Mañana lo entregan para su lectura colectiva, debidamente impreso con una copia para el profesor.
Deambular para recorrer el circuito universitario, al terminar la sesión, fue la siguiente actividad, previamente nos apersonamos ante Mario Rodríguez, gentil profesor que llevó las riendas de la investigación doctoral del compatriota David, además de coordinador de las publicaciones universitarias. Luego pasamos a la biblioteca central de la universidad. Tremendamente funcional, bien iluminada, protegida contra los temporales de la naturaleza y los vendavales del mar Pacífico. Observé algunos detalles: se entra a sus instalaciones con una credencial magnetizada; dispone de espacios múltiples para el trabajo escolar de los estudiantes, ya individuales o colectivos; el servicio de internet es por wi-fi, que no probé, pero parece idóneo por la cantidad de alumnos pillados chateando; su silencio y el óptimo servicio bibliotecario. Uno de sus empleados me regañó porque me salí del recinto con la llave del casillero donde se resguardan las mochilas y demás pertenencias. Así de celosos son de sus labores. Cada técnico viste una bata blanca, que los distingue.
Más tarde recorrimos la periferia de la universidad. El campus es ameno, circundado por bosques tupidos, donde se privilegia el tránsito del peatón, ya de por sí rey en las calles de la ciudad. La abundancia de la flora le concede un toque apacible, los jardines apoyan con lo suyo y las extensas áreas verdes con sembradas de césped serenan el ambiente. Las horrísimas colillas, esparcidas aquí y más allá, detallan cierto desaseo de los espacios comunes.
La caminata nos dejó hambrientos, así que fuimos a reponernos a una cafetería cercana con una colación, nombre habitual de la región para el tentempié mexicano. Y siendo un devorador empedernido de cápsicum, como no hay chile, aquí lo llaman ají, la comida me sabe insípida.

Pilón: David me obsequió un ejemplar de ¡Basta! + de cien hombres contra la violencia de género (Santiago de Chile, Ediciones Asterión, 2012, 115 pp.), coordinado por Pía Barros;  y otro más de ¡Basta! + de cien mujeres contra la violencia de género (Santiago de Chile, Ediciones Asterión, 2012, 115 pp.), también coordinado por Pía. Ambos tienen como soporte genérico el microrrelato y exploran la violencia ejercida en las sociedades contemporáneas contra las mujeres.

Foto: David Chávez. Asistentes al seminario: Eduardo Aguayo Rodríguez, Pía Aldana Carrasco, Jeannette Gavilán Torres, Elisa Silva Morales, Yasna Bunich, Paulo Arias Ruiz, Christian Troncoso Castillo, Roberto Garay Urrutia.  

lunes, 16 de abril de 2012

ÁLBUM DEL SUR PROFUNDO

Estampa inicial
Todo marcha en el avión, a pesar de la espera, el fastidio, las filas interminables y la noche en vela. Al menos nadie me derramó líquidos en los pantalones, como lo hicieron en otra ocasión, cuando volvía de Tijuana.
Mucho me llamó la atención en extremo cortés de la tripulación abordo, nunca había recibido un trato tan comedido. Como no hubo retrasos ni incidentes, llegamos puntuales a las siete de la mañana. Santiago de Chile, desde la ventanilla del avión, parecía o nublado o extremadamente contaminado, pues una mantilla grisácea cubría el horizonte de su cielo. Cuánta espantosa similitud con mi ciudad natal, Axolotitlan.
Luego del obligado paso por la aduana de migración y una espera de sesenta minutos, aligerada con dos exquisitas tazas de café, emprendimos el vuelo al destino final, Concepción. Sin tardanza, abandoné el avión para recoger mi equipaje, pues afuera del aeropuerto ya David, mi anfitrión mexicano en la ciudad, se encontraba esperando para llevarme al hotel El Araucano, donde me recibió el doctor Edson Faúndez, directivo del posgrado en Literatura Latinoamericana de la Universidad de Concepción. La gentileza y la hospitalidad son cualidades de los chilenos.
Para ponernos al día, David y su compañera me llevaron a comer unos mariscos a una bahía cercana, pero como era muy temprano, apenas el mediodía, estaban cerrados los restaurantes. Así que dimos una caminata por los alrededores, a la vera del mar, cuyos montes adyacentes muestran las cicatrices del temblor de tierra sufrido hace unos años, por cuya intensidad dejó los cerros desgajados, los árboles colgando en el precipicio y unas gigantescas piedras huérfanas de su seno.
Por ser domingo, aquí la vida queda aplacada y aplazada para otro día. Mayoritariamente los negocios cierran, pero unos cuantos abren, entre ellos la Feria del Libro Leído, nombre que me llamó la atención por el participio. En Axolotitlan, de donde provengo, la anunciarían así: “del libro usado”, “de ocasión” o “de viejo”. Volvimos al hotel luego de las tres de la tarde, donde dormité alterado, sobresaltado por la ausencia de ruido y la ruptura de mi vida cotidiana.
Más tarde fui a dar un paseo para ejercitar las piernas, engarrotadas por tantas horas aprisionadas en ese espacio tan minúsculo de los aviones, donde la ergonomía de los pasajeros vale unos centavos. Remonté las calles hasta la feria, entre sus puestos me encontré una edición vieja, que no sé si leída, de El juguete rabioso, la cual dejé apartada pues no llevaba moneda local, por aquello de que hoy domingo descansan las casas de cambio y los bancos. Ya veremos mañana si me la reservaron. También hojee una edición “leída” de Cuentos y poemas de Alfonso Reyes, en edición mexicana, una antología de sus textos prosísticos preparada por un conocido crítico cuyo nombre no anoté, pero ése y otros dos títulos (Fuentes y Masttreta) fueron los únicos que pude observar de la literatura mexicana entre los “usados”. No indico ni su consumo ni su desecho.



Al borde del mar, Concepción es una pequeña ciudad de clima extremoso, cuyos habitantes hablan un melodioso español, aunque en algunos momentos me pierdo entre sus vocablos chilenos y a veces no entienden el mexicano con que les hablo. Noto que en ella no hay gente en las aceras pidiendo dinero, ni basura en sus calles, nadie toca el claxon y civilizadamente respetan al peatón. Mi anfitrión dice que los chilenos prefieren el orden a la libertad. En Axolotitlan, no se elige ni uno ni el otro, para qué, si existe el caos. Viva el caos.
Ya Graham Green, en Caminos sin ley, anunciaba novelísticamente la sombra siniestra del estado fallido que se extendía sobre el país retratado. 

sábado, 14 de abril de 2012

PRIMICIA

Decálogo del buen microficcionista

Raúl Brasca

1. No te ajustes a definición alguna, la microficción no ha sido aún domesticada, pero lee mucho y bueno para vislumbrar de qué se trata.
2. Dispones sólo de dos materiales: las palabras y el silencio, y debes lograr que ambos sean igualmente significativos.
3. Esfuérzate por escribir con la menor cantidad de palabras y la mayor cantidad de silencio, pero asegúrate de que tu microficción contiene las claves imprescindibles para ser comprendida. Si has logrado eso, detente: considera al lector tan inteligente como tú.
4. Cuida la calidad de tus palabras, la arquitectura y la música de tu microficción. Mucho más que la novela y el cuento, y casi tanto como el poema, la microficción alcanza su potencia por medio de la forma.
5. Cuida la calidad de tu silencio, si es elemental y falto de sustancia, tu microficción será una pieza menor que decepcionará a los buenos lectores.
6. Si has cumplido con los puntos anteriores, despreocúpate del final pero preocúpate por la última línea. El final es el sentido y lo produce el lector, pero tu última línea debe habilitarlo para que lo haga.
7. Si tu microficción contiene una historia, cuídate del resumen. Ninguna buena microficción es el esquema de una historia, ni siquiera lo esencial de ella. Un detalle objetivamente trivial pero cargado de significado por el autor, dice más y mejor que la prolija enumeración de los hechos.
8. Si tu microficción es humorística, cuídate de la simpleza del chiste. El silencio del chiste es elemental: se agota en permitir el equívoco y tiene como única finalidad esconder un sentido de efecto risible. El silencio de la microficción humorística no tiene por qué ser menos sustancioso y complejo que el de las que no lo son.
9. Confía en tu impulso creador. Todas las microficciones hijas de un mismo impulso creador, por heterogéneas que parezcan, pertenecerán a una misma familia. No dejes que te las impugnen, porque en la variedad está su riqueza.
10. Desconfía de los sabihondos que escriben decálogos. En general, los decálogos sirven solamente para publicitar la poética de quienes los escribieron.

El “Decálogo del buen microficcionista” es un texto inédito que publicamos por la generosidad de su autor. Forma parte del número 25 (abril, 2012) de la revista electrónica El Cuento en Red.




Otras lecturas, otros mandamientos de Raúl Brasca: Las aguas madres, cuentos propios, Buenos Aires, Sudamericana, 1994.
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