lunes, 13 de abril de 2009

Jubileo de una novela chicana



JUBILEO DE POCHO

Javier Perucho

A Cándido Condés, por su mecenazgo


La celebración de las efemérides literarias es una actividad necesaria en las tradiciones culturales, un acto de justicia en la república de las letras, que cumple a la vez con un doble propósito: repasar las empresas artísticas del pasado y cumplir con una tarea educativa que tiene como encomienda la formación de nuevos lectores. Con cada nuevo acercamiento que ofrecen tales celebraciones, los acervos se animan, el diálogo con sus creadores se vivifica y las obras emblemáticas de un grupo social, una época y una geografía rompen su ostracismo.
Concelebrar entonces el centenario de una obra de arte, el natalicio de un escritor, el jubileo por la publicación de un poemario, un drama o una novela, permite a públicos diversos la revalorización y la divulgación de una trayectoria y una obra literarias.
En esta ocasión se trata de Pocho, una novela que involucra a las comunidades de origen mexicano asentadas en California. Escrita originalmente en inglés por José Antonio Villarreal, fue publicada por Doubleday en 1959, de la que no se disponía una traducción al español, empero fue realizada en Estados Unidos para el consumo del mercado “hispano” en 1994.
La familia del autor, nacido en 1924 en Los Ángeles, cuyos padres fueron nativos de Zacatecas, llegó a California por las olas de expulsión causadas por los efectos negativos de la revolución mexicana, ya que el padre fue combatiente villista. Elemento biográfico que se exporta a una ficción donde el protagonista tuvo el oficio de cosechador.
La familia peregrina por Texas y California siguiendo el ritmo de las cosechas, pero al cabo se establece en un pueblo llamado Santa Clara, localidad del Valle Imperial, cercana a San Francisco, California. Una circunstancia biográfica que también se exporta a la novela.
Las rutinas campesinas, el español familiar, la tradición mexicana, la vida en la sociedad anglosajona, la educación en escuelas norteamericanas y el trabajo de Villarreal como maestro en instituciones de educación superior en Colorado, Texas, California y la ciudad de México hicieron del escritor un ser que transitó entre las culturas “americana” y mexicana. Tal como aconteció al héroe del relato, Richard Rubio, a una de las cuales renunció; de ahí la semántica del vocablo “pocho”, que en la etimología popular significa dar la espalda, olvidar, renegar de sus orígenes. Significado que ha sido recogido por la literatura mexicana desde Amado Nervo. De este tránsito entre tradiciones culturales, parte el conflicto literario que se relata en Pocho, ficción autobiográfica que hoy celebramos por su jubileo, luego de cincuenta años de haberse publicado en Estados Unidos, el país que adoptó a su autor por medio siglo.
Con tal obra y dicho escritor inició en el siglo XX la literatura chicana, por lo tanto la aparición de Pocho estableció un hito cultural en la historia de la chicanidad y los mexicanos arraigados en Estados Unidos, pues con ella se gestó la alta cultura de ambos grupos étnicos, si consideramos a la literatura y demás bellas artes como las formas más refinadas de la expresión humana. Igualmente la historia cultural de estas comunidades apareció paulatinamente en el horizonte de los estudios universitarios, las instituciones gubernamentales y los medios de comunicación; de la misma manera, el arte asentó su influjo en los estamentos más educados de la ciudadanía méxico-americana, que convirtió sus tesoros culturales en la bandera que enarboló la defensa de sus causas. El arte, la historia y la mitología azteca adquirieron entonces un valor simbólico para enfrentar la adversidad social y las calamidades raciales.
De este nexo entre la literatura y la historia, entre la novela y la lucha de clases, entre la ficción y el combate ideológico, germinó una de las debilidades de la literatura chicana, pues sus autores priorizaron la batalla política de los panfletos en aras de la defensa de su comunidad.
La época, la efervescencia política y una conciencia social emergente obligaron a los intelectuales chicanos a colocarse en la vanguardia del movimiento de la raza, entonces para defenderla, más tarde para cantar su gloria. Ese activismo político contagió a las letras y demás artes, en consecuencia los acervos culturales de los grupos minoritarios —chicano, puertorriqueño, afroamericano— fueron impregnados con un ánimo levantisco. A la hora de ponderar sus acervos —musicales, literarios, folclóricos, cinemáticos o pictóricos—, el saldo es desfavorable, pues los estratos y sedimentos en que espigará la arqueología cultural hallará manifestaciones políticas, proclamas, airadas protestas, consignas y, de manera eventual, ciertas obras artísticas que han librado el tamiz del tiempo. Como fue el caso de Pocho, que prefiguró las tensiones dramáticas de la novelística chicana posterior.
Dicho protagonismo político lo reseñó sin cortapisas Villarreal, por ello se mantuvo distante de esa actitud social proactiva, pues su propósito escritural fue la invención de universos artísticos válidos en sí mismos, donde la universalidad fue su manifiesto. De la proclama, el mensaje político y el adoctrinamiento se mantuvo alejado, distante por el efecto negativo que causaba en los patrimonios culturales de su comunidad. En este distanciamiento también influyó su madurez intelectual, educación y horizonte literario, fraguados en San Francisco, un epicentro cultural de la Unión Americana antes y después de los nostálgicos años sesenta. Aquella década maravillosa que Richard Rubio, el protagonista de Pocho, pre inaugura en sus temáticas: discordia entre generaciones, soledad, alienación del sujeto, conflictos familiares, asimilación y ruptura.
Esta actitud autocrítica consigo mismo y su gremio, se localiza en la entrevista que le fue realizada por Juan Bruce-Novoa para la conformación de su libro de entrevistas La literatura chicana a través de sus autores (México, Siglo XXI Editores, 1983). Para la que expresó: “La literatura [chicana] está adquiriendo cierto grado de respeto y credibilidad. Hay indicios de que la retórica y la arenga política, usadas con gran ventaja en los primeros años, ya no son necesarias y han pasado de moda, y ya veo el día en que nuestro pueblo desarrollará y creará una literatura de connotaciones universales.”
En las décadas siguientes, la retórica política de la literatura chicana dio paso al lamento por la patria perdida, las cuitas de la mexicanidad transterrada, el folclore trasnochado, el realismo mágico demodé y el aztequismo inverosímil. En el fondo, los escritores chicanos contemporáneos (Sandra Cisneros, Francisco X. Alarcón, Gloria Anzaldúa, entre otros) apuestan por una narrativa exótica que procura encandilar al mercado anglosajón y, de rebote, lograr cierto impacto en la literatura mexicana.
Sin embargo, al menos dos casos son la excepción, James Carlos Blake y Francisco González Crussí, literatos cuyas premisas literarias son justamente el “desarrollo” de una “literatura de connotaciones universales” cuyas fuentes humanísticas se encuentran en el pensamiento europeo, la civilización grecorromana y la cultura iberoamericana. Blake escribe en inglés sus cuentos y novelas ambientados en un tiempo y un espacio transfronterizo; González Crussí alterna su lengua materna, el español, con el idioma de su profesión médica, el inglés, para tejer con sapiencia sus ensayos sobre las dolencias del cuerpo humano. De aquí se desprende un atributo de la literatura chicana, cuyos artífices pueden escribirla en inglés o en español.
La literatura chicana fue tejida por los ciudadanos estadounidenses de origen mexicano, quienes han conformado una vertiente de la literatura estadounidense, junto a la irlandesa, judía, polaca o italiana; es decir, nació del crisol de la civilización “americana”. Literaturas que en su momento también recrearon las inclemencias de la adaptación, los problemas de la lengua, la asimilación, la diferencia entre comunidades, las particularidades de sus oficios, singularidad de vida, cultos, festividades y tradiciones, sentido de la permanencia y tribulaciones del héroe en el desierto.
Asimismo, de ahí se infieren las temáticas por donde Richard Rubio transitó. Pocho es una ficción con un carácter social, un estrato biográfico y un trasunto histórico que pretende un valor universal, ya que fue construida con las particularidades que distinguen a un grupo étnico en el alambique de las razas.
Ahora bien, a cincuenta años de su publicación, ¿Pocho dio origen a la novelística chicana? A la que se escribe y publica en inglés, naturalmente. Por varias razones: su lengua de composición fue el inglés, la nacionalidad del autor fue la estadounidense; Pocho, en tanto que libro, es una novela que se consume en el mercado anglosajón, principalmente en las universidades. Finalmente, un asunto no menor es que su modelo de composición fue el Retrato del artista adolescente, influjo joyceano que evidencia el ascendiente anglosajón en su escritura. Sus dos restantes novelas (The Fifth Horseman, 1974; Clemente Chacón, 1984) fueron escritas y publicadas igualmente en inglés.
Por otra parte, la novela chicana se ha publicado desde sus orígenes en español, pero en tal segmento Villarreal no ejerció ningún influjo, pues sus antecedentes se remontan a unas décadas atrás, aunque acotados a la misma geografía californiana (Los Ángeles), donde el diarismo fue el soporte de una novela publicada por entregas en La Opinión, Las aventuras de Don Chipote o cuando los pericos mamen (circa 1930), del periodista mexicano Daniel Venegas, en la que ya se reseñan las peripecias de la migración, los avatares de un mexicano en Estados Unidos, el racismo, las conjugaciones del inglés con el español en la arquitectura del relato, el contraste de las idiosincrasias, el destierro multicausal, sea por la revolución, la ineptitud de los gobernantes, o la miseria secular.
Dos años antes de la aparición de Pocho, José Revueltas dio a la imprenta una novela que podría considerarse como uno de los antecedentes de la novelística chicana, Los motivos de Caín (1957). La sátira, el tremendismo y el realismo fueron las modalidades y géneros de exposición de dichas novelas, cuyo denominar común expongo en breve.
Los protagonistas de tales empeños literarios, Don Chipote, Jack Mendoza y Richard Rubio, ateniéndonos a su ciudadanía literaria, son un mexicano, un chicano y un méxico-americano, respectivamente. El primero regresa a su provincia natal; el segundo, desertor del ejército norteamericano, se refugia en Tijuana, y Rubio permanece en Estados Unidos, su país, a pesar de todo. En las correspondientes ficciones los tres padecieron invariablemente los rigores y beneficios de la diáspora; es decir, las batallas de la asimilación, la discriminación racial, la exclusión. El espejismo del progreso, las ventajas de una democracia consolidada, el espíritu cainita, la movilidad y la integración social. Un bracero, un marine y un hombre sin atributos formaron la demografía literaria de una novelística cuyo epicentro recayó en la migración mexicana para alcanzar los propósitos de una literatura con pretensiones de universalidad.
Para concluir, apunto una curiosidad biográfica compartida entre aquellos escritores, que acusa el destino manifiesto de la migración mexicana. Ellos regresaron a la tierra de sus progenitores, luego de ejercer sus respectivos oficios en la tierra prometida: Venegas como periodista; Revueltas, cronista literario, conferencista, trotamundos; y Villarreal, educador y novelista.
El retorno al país natal: México, la suave patria a la que vuelven nuestros antepasados a reposar en el silencio de los sepulcros.

Pocho en español
José Antonio Villarreal, traducción de Roberto Cantú, New York, Anchor, 1994, 265 pp.

[Parte de la beca del Fonca para la elaboración de un diccionario de escritores chicanos]

miércoles, 1 de abril de 2009

Resonancias

Alejandro de la Garza

El canto (pop) de las sirenas
La mítica sirena aparece en la literatura de todas las tierras y todos los tiempos al menos desde La Odisea. El máximo estudioso en la literatura mexicana del género del minicuento, la minificción o, como gusta llamarlo, el cuento jíbaro, antologa aquí una cuarentena de estos relatos hiperbreves protagonizados por sirenas. Entre Alfonso Reyes (1888) y Alberto Chimal (1970), el recorrido pasa por los maestros Julio Torri, Edmundo Valadés, Augusto Monterroso y José de la Colina; los consolidados Óscar de la Borbolla, Marco Antonio Campos, Federico Patán y Agustín Monsreal, y los jóvenes Armando González Torres, Iliana Rodríguez y Édgar Omar Avilés, entre varios más. Para épocas de hambre y desamor, la minificción “Pesca”, de Héctor Carreto: “Hoy pesqué una sirena. En la cocina comí su parte de pez; en la alcoba, ella devoró mi parte humana.”

Javier Perucho. Yo no canto, Ulises, cuento. Ediciones Fósforo/ CNCA Nuevo León, 76 pp. México 2008.

Publicado en Milenio Semanal, 29 de marzo de 2009.

lunes, 30 de marzo de 2009

Máquina de la escritura


Javier Perucho

Estudiar a una celebridad viva es un acto digno de encomio, máxime cuando esa luminaria se llama Carlos Monsiváis, polígrafo que lo mismo escribe acerca de la época de oro del cine mexicano, el psicoanálisis, una crónica sobre los desnudos tumultuosos de Tunick, los orígenes de la chicanidad, los más recientes fenómenos del bandolerismo encarnado en las hordas de los maras o la violencia citadina ejercida impunemente por el narcotráfico. El siglo XIX tampoco le ha sido ajeno. El coleccionismo o su amor por los gatos tampoco. Un museo aloja ahora mismo sus piezas de arte popular.
Abro un diario de un sábado cualquiera y me encuentro un ensayo sobre los maras firmado por él; más tarde hojeo un suplemento y me encuentro con una pausada elegía al recientemente fallecido dramaturgo mexicano Juan José Gurrola; al día siguiente, aparece publicada su columna “Por mi madre, bohemios”; días después, en la televisión abierta lo escucho y me regodeo con sus palabras y sus gesticulaciones sobre uno de los asuntos públicos que carcomen a la república.
Don Carlos siempre ha sido así: elocuente hasta en sus silencios, significativo incluso en sus modos gestuales. Habitualmente ha sido así: abrasivo en sus temas, expansivo en sus originales perspectivas para abordar los más variados asuntos de la vida pública o la república literaria.
Es altamente probable que ningún tema de la mundanal vida se haya escapado a sus tratamientos, ya para divertirse, ya para aleccionarnos; ora para mofarse de la clase gobernante, o para exponer a los dinosaurios de la vieja izquierda. Qué le ha sido ajeno. Todo le es propio en sus pareceres culturales. Sin embargo, lo más asombroso de este talentoso escritor es la manera en que se actualiza, en que accede a la información más diversa, la forma en que su escritura, temas y fenómenos se rejuvenecen conforme se suceden en la actualidad. La piel de su escritura se renueva cada vez que la inasible realidad cambia. Así, ante la aparición de los fenómenos del pandillerismo, él actualiza su perspectiva de análisis para ofrecer nuevas pautas de crítica que expliquen el fenómeno, busquen sus orígenes sociales y ofrezcan una prospectiva inmediata.
La ciudad como texto. La crónica urbana de Carlos Monsiváis me ha recordado ésa su peculiar naturaleza, me ha recordado también que para seguirle los pasos a don Carlos, es necesario haber fundado un Centro de Estudios Monsivaisianos, cuyo mayor prestigio intelectual se concentre en las tareas acumulativas de su acervo; es decir, en ubicar, almacenar, sistematizar y divulgar sus siempre inabarcables e incompletas obras por la naturaleza de su talento y oficio.
En éste no tan ficticio Centro, uno de los primeros investigadores en lograr un asiento, es Jezreel Salazar, acucioso investigador de este fenómeno cultural llamado Carlos Monsiváis, pues se ha dado a la tarea de acumular toda la información relativa a la noción de urbe, las crónicas sobre la ciudad y los ensayos sobre la metrópoli que han salido de esa máquina de la escritura. Luego de formar un cúmulo considerable con todo ese Himalaya de papel, lo cernió a la hora del viento, entonces —y sólo entonces— ordenó los granos y arrojó las mazorcas. Con ello, en dos apartados y un texto liminar, conduce al lector por los vericuetos de una ciudadela. Escribo ciudadela porque es tanto lo escrito por Monsiváis sobre el tema de la ciudad en más de cincuenta años de vida y escritura, que si esparcimos sus cuartillas por la urbe ni un pasillo tendría accesible el peatón para vagar libremente entre tanto folio impreso.
Tiene otro mérito el libro de Jezreel. La ciudad como texto es apenas el segundo libro disponible y accesible en las librerías mexicanas que abordan la naturaleza escurridiza del escritor, cronista, historiador literario, editorialista, fabulador y “moralista” Monsiváis. Situación que me alegra, me alienta que este libro sea de la autoría de un escritor mexicano de la nueva guardia, porque el primero en aparecer pertenece a la investigadora norteamericana Linda Egan, Carlos Monsiváis. Cultura y crónica en el México contemporáneo (México, FCE, 2004). Aquí termina —o comienza, según se vea— la bibliografía crítica sobre este polígrafo nacido en el Distrito Federal en el remoto año de 1938.
De allí se desprende uno más de los aciertos del libro: ante la ausencia de fuentes documentales, Salazar no se amilanó para enfrentar a esa máquina de las mil teclas. Entró a un lote baldío, aplanó sus protuberancias, aró el suelo y nos entregó un libro pleno de novedosos acercamientos, explicativo en más de un momento. Naturalmente, original en sus aportes, ya que se vale del análisis cultural para sostener sus interpretaciones y escolios a la obra de Monsiváis.
La ciudad como texto es un ensayo amable en su escritura, claro en su exposición, elocuente y administrado en el uso de sus citas, de las que, como lector suyo, demandaría a los editores una explicación a dos simples preguntas, ¿por qué suprimieron las notas a pie de página que nos aclararían las procedencias librescas de cada cita textual? ¿Por qué no agregaron para compensar tal ausencia una bibliografía final? Con ello el volumen no hubiera perdido su levedad; al contrario, hubiera ganado en precisión documental. Apenas hecho de menos ese corpus bibliográfico; sin embargo, los títulos más puntillosos y las crónicas urbanas más elocuentes de Monsiváis están registrados a lo ancho del libro, así como en un puntual apartado que consigna las crónicas dispersas.
Infiero de mi lectura, que para ser el cronista oficial de la muy amada y terrible ciudad de México, hay que haber nacido en la persona de Carlos Monsiváis, quien prosigue una tradición fundada por Salvador Novo. Una tradición que es a la vez una postura política, pues al explorar los bajos fondos, transitar por las esferas de poder, circular entre las divas para después escribir su hagiografía, frecuentar a la aristocracia y a los hombres de poder para bocetar sus cataduras morales, establece los registros de una sociedad piramidal. El cronista mismo es otro peatón bajo la lluvia inclemente, pues viaja en taxi y compra sus boletos en el Metro para poder aporrear más tarde las teclas y escribir en el ocaso cómo se desenvuelve la vida en el México del nuevo régimen.
Anoté “desenvuelve la vida” porque el tiempo verbal de la crónica se conjuga en tiempo presente. La crónica contemporánea habla del hoy, el aquí y el ahora, trata de una circunstancia perecedera que se escribe como se vive en el presente. Los hechos del pasado interesan a los historiadores; a los cronistas les interesa el registro del presente, no el tiempo fugaz del porvenir, menos aun el tiempo fosilizado del ayer.
De ahí brota el interés que despierta Monsiváis en sus lectores contemporáneos y en sus primeros críticos: habla de ellos, por ellos y con ellos, al fin somos ciudadanos con voluntades y deseos que cohabitamos en la misma urbe.

Jezreel Salazar, La ciudad como texto. La crónica urbana de Carlos Monsiváis, México, Universidad Autónoma de Nuevo León, 2006, 211 pp. (Premio Nacional Alfonso Reyes 2004)

Publicado en La Señorita T, suplemento cultural de El Columnista, diario de Puebla, y en Contratiempo, de Chicago.

jueves, 26 de marzo de 2009

ENCUENTRO CHICANO 2009

Día de Honor a César Chávez

Fecha: 31 de Marzo de 2009
Sedes:

Auditorio del CISAN, Piso 7, Torre II de Humanidades, UNAM
y
Sala 1 del Posgrado de Ciencias Políticas y Sociales, Edificio F de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM


PROGRAMA

Auditorio del CISAN, Piso 7, Torre II de Humanidades, UNAM

8:00AM- REGISTRO Y CAFE

9:45-10:00AM- INAUGURACIÓN: ROSAURA RUIZ y JOSE LUIS PALACIO

BIENVENIDA Y METAS DEL RE-ENCUENTRO CHICANO 2009:
Armando Vázquez-Ramos, Maestro de Ceremonias

10:00AM- CONFERENCIA TEMÁTICA DEL RE-ENCUENTRO CHICANO 2009:
Dr. Axel Ramírez, Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe, CIALC
“César Chávez y la importancia de los Estudios Chicanos y Latinos en México y América Latina”

10:30-12:00PM- PRIMERA SESIÓN:

Tema: “Migración, seguridad y sociedad en la relación México-Estados Unidos”

Moderadora: Dra. Graciela Martínez Zalce (CISAN)

Ponentes:
Dr. José Luis Valdés Ugarte, Director
Centro de Investigaciones sobre América del Norte (CISAN), UNAM

Maestra Silvia Núñez García, Secretaria Académica
Centro de Investigaciones sobre América del Norte (CISAN), UNAM

Maestra Esperanza García García, Profesora
Universidad Iberoamericana

Profesor Armando Vázquez-Ramos, Coordinador del Proyecto California-México
Departamento de Estudios Chicanos y Latinos, California State University, Long Beach

12:00: 12:30PM- RECESO Y TRASLADO A LA 2ª SEDE:

Sala 1 del Posgrado de Ciencias Políticas y Sociales, Edificio F de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (UNAM)

12:30-14:15PM- SEGUNDA SESIÓN:
Tema: “Los Chicanos hoy en el contexto histórico y en el Siglo XXI de México y América Latina”

Moderadora: Maestra Rocío Mejía Flores, Asesora del Rector
Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM)

Ponentes:
Dr. Javier Perucho, Universidad Autónoma de la Ciudad de México
“Diccionario de escritores chicanos y mexicanos en EE UU”

Mtro. Rubén Aréchiga, Colegio de Antropología, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla
“El otro Espanglish”

Mtro. Rubén Ramírez Arellano, Posgrado en Antropología Social (CIESAS)
“El Movimiento Estudiantil Chicano de Aztlán (MEChA) y su lugar en la educación superior de California”

Mtra. María Elena Contreras, TOCANI Montessori
“César Chávez y la educación de los niños en el Sindicato de Trabajadores Agrícolas United Farm Workers (UFW)”

Mtra. Yuribi Ibarra, Posgrado en Antropología Social (CIESAS)
“2ª Generación de migrantes mixtecos y su inserción a las escuelas en Arvin, California”

14:15-16:00PM- RECESO Y COMIDA

16:00-18:00PM- TERCERA SESIÓN:
Tema: “Migrantes Mexicanos a la frontera norte y a Estados Unidos: ayer y hoy”

Moderador: Dr. Alfonso Sánchez Múgica, Coordinador del Programa de Posgrado en Ciencias Políticas y Sociales, UNAM

Ponentes:
Mtro. Jaime Vélez, Programa de Posgrado en Antropología Social, Escuela Nacional de Antropología e Historia-INAH
“Migración mexicana a Estados Unidos de 1910 a 1940”.

Mtro. Iván Jiménez Maya, Programa de Posgrado en Geografía, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM
“Un siglo de migraciones a Estados Unidos del Valle de Tangancícuaro, Michoacán”

Dra. Susann Vallentin Bjorn Boisen, Programa de Posdoctorado, Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM
“Redes sociales y redes laborales trans-regionales del sur de Veracruz a la frontera norte”

Dra. Cecilia Ímaz, Centro de Estudios Teóricos y Multidisciplinarios en Ciencias Sociales, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM
“Migrantes de Retorno”

Mtra. Martha Monzón, Centro Regional del Estado de México, Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH)
“Migraciones prehispánicas: el caso de Aztlán”

18:00-19:30PM- CUARTA SESIÓN:

Tema: “Chicanos, Latinos y migrantes Mexicanos: identidad y política”

Moderador: Mtro. Iván Gómezcesar, Coordinador de Enlace Comunitario, Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM)

Ponentes:
Dr. Juan Manuel Sandoval, Seminario Permanente de Estudios Chicanos y de Fronteras
(DEAS-INAH)
“Chicanos y mexicanos migrantes en lucha por sus derechos políticos”

Mtro. Primitivo Rodríguez, Coalición por los Derechos Políticos de los Mexicanos en el Exterior (CDPME)
“Fuerza y debilidad del poder político de la comunidad Latina”

Dr. Adolfo Laborde, Coalición por los Derechos Políticos de los Mexicanos en el Exterior (CDPME)
“El voto de los mexicanos en el exterior”

Mtro. Francisco Javier Guerrero, Seminario Permanente de Estudios Chicanos y de Fronteras, DEAS-INAH
“La imagen del Chicano del Siglo XXI en México”

Dra. Ana María Aragonés, Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM
“Efectos de la crisis sobre la migración”

19:30PM- CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES

20:00PM- CLAUSURA Y VINO DE HONOR DEDICADO A CÉSAR CHÁVEZ


2º Sesión: 1º de Abril de 2009

Sede: Auditorio Leopoldo Zea del CIALC, 6º Piso, Torre II de Humanidades, UNAM

12:00PM- Diálogo Académico en el Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe (CIALC)