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lunes, 22 de junio de 2020
domingo, 14 de abril de 2019
OFICIOS DEL OGRO
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“Nueva narrativa chilena. Fabulación, resistencia y militancia”, en La Jornada Semanal, núm. 1258, 14 de
abril, 2019, pp. 11, 12.
viernes, 11 de noviembre de 2016
DELIRIOS NARRATIVOS
Jorge Luis Tercero, “Anatomía de una ilusión, estreno de Literatura UNAM”, en Gaceta UNAM, núm. 4828, 10 de noviembre, 2016, p. 20.
lunes, 25 de julio de 2016
RECUENTO
Reseña a la Anatomía:
Antonio Soria,
“Ochenta imágenes de un universo”, en La Jornada Semanal,
suplemento cultural de La Jornada, 24 de julio, 2016, Núm. 1016, p.
11.
*+*
Comentario a Anatomía
de una ilusión
Ignacio Betancourt
Cuando resulta inevitable la complicidad del lector con lo
leído, suele considerarse mérito del autor. A veces pienso que cada lector lee
lo que se merece (en el caso del libro de Perucho me siento halagado). La
diversidad de puntos de vista narrativos goza de cabal verosimilitud en las
narraciones. El traslado de personajes de uno a otro texto los robustece (al
cuento y al personaje), sabe uno de donde vienen y en su lectura, de manera casi
imperceptible, se recrean los antecedentes que los vuelven cercanos. Además, el
humor que circula entre líneas anula cualquier riesgo y les otorga necesaria
mesura. El barco de la portada es magnífico, los colores de la casa flotando en
el mar de la escritura vuelven alucinante la embarcación y el viaje.
Las referencias literarias asoman entre peculiares oleajes
narrativos y cierta comunidad de evidencias ordena las mareas. La crueldad de
lo real es siempre oportunamente cruel (independientemente de cómo se le
presente). Tanto lo referencial como lo figurativo funcionan con igual eficacia
en un discurso pleno de guiños. La ironía entendida como máxima expresión del
humor (con frecuencia negro) se entreteje cordialmente añadiendo espesor a lo
enunciado. Hay textos breves, geniales por su contención (siempre resulta deslumbrante
la amplitud de lo breve). Lo ciertamente explícito no requiere de excesos, a
partir de un solo enunciado puede reconfigurarse todo.
El tratamiento de asuntos infantiles permite, de manera
natural, las peores crueldades. El niño como semilla de casi todo aquello que
el adulto consumará. La omisión perversa, lo sugerido, vuelven inagotables las
historias. Los personajes que reaparecen a lo largo del libro, en su
construcción paulatina se asumen gratos e ingratos con inobjetable
verosimilitud; lo extraño y lo erótico se hermanan sin perjuicio alguno para
ambos. La cachondería, más que en lo narrado se genera en la manera de contar. El
surgimiento del eros, la germinación
de lo cachondo, todo eso que es intuición
infantil, habrá de marcarnos como destino.
Aunque en anécdotas y peripecias los protagonistas sean
infantes o adolescentes, su devenir narrativo los humaniza y hace creíbles las
más extremas acciones en contextos que no restringe lo desmesura. Aquello de
que “infancia es destino”, en Anatomía de
una ilusión se corrobora sin afán alguno de corroborarlo. El placer no
tiene edad, o mejor dicho: impregna todas las edades. Son los recuerdos,
similares a objetos con peso y textura entre la levedad de lo recordado, con
aromas y tonalidades que incluso convertidos en palabras conservan su
palpitación. A partir de una afortunada diversidad de puntos de vista, el
inevitable monólogo de la escritura se hace polifonía, imaginarios colectivos
en donde medio mundo cabe.
Con personajes de todas las edades se construye un mural
formidable de ámbitos históricos (identificables o escurridizos), en donde el
imaginario apuntala contradicciones sociales tremendas, paradójicas, ahí
carencia o abundancia, odio o amor, pasado y ahora (todo aquello que construye
subjetividad e invención) deambula en una cotidianeidad palpable. Dentro del
más anciano de los seres, habita la niñez como un esqueleto invisible.
Finalmente, debido a la mención de Edmundo Valadés recuerdo que en alguna
ocasión nos dijo que un buen cuento es aquel que no se olvida; por cierto los
que escribe Perucho, son bien recordables.
sábado, 2 de julio de 2016
CORREOS ELECTRÓNICOS
Hola Javier,
En estas tardes lluviosas, magníficas para la lectura, acompañado de una
buena taza de café he tenido la oportunidad de disfrutar Anatomía de una
ilusión (título sublime que se alza sobre una preciosa imagen de portada).
Al adentrarme en las páginas de nostalgia me quedé varado en algunas
microhistorias; por ejemplo: “Cristina por la mañana” (y su secuencia
narrativa), “Enjambre de historias”, “Segunda muerte”, “Tania”, “Escoba de
nubes”, “Alimento de los sueños”, “Arqueología de la vida cotidiana”, entre un
largo etcétera y que por cierto pienso (desde mi superfluo punto de vista) que
“Mandatos” debería haber llevado el título que le da nombre al libro.
Además considero que el ritmo de composición de la Anatomía me
condujo por los causes de una novela, puesto que era como si en la estructura
de la obra se ocultara el cuerpo de una narración que debía haberse extendido.
Caro Javier,
Gracias por mostrarme Anatomía de una ilusión, he gozado del
libro como no tienes idea. Ya es una obra que forma parte de mi colección más
preciada.
Abrazo y felicidades por haber materializado una prodigiosa ilusión.
Aldo Flores, correo electrónico, 1, julio, 2016.
Querido Javier.
Terminé anoche de leer tu libro. Además de resultar sonoramente un placer tiene
la admirable virtud (muy poco frecuente en obras de estructura fragmentaria y
de naturaleza a veces evocativa) de enganchar sostenidamente al lector hasta el
final. Es un libro recordable, sus excelencias formales no son para nada
inocentes de la potencia casi pugilística con que ese duro mundo de intensas
pasiones y dolorosas precariedades se proyecta en la mente de quien lee.
Creo (y deseo) que el éxito le haga justicia. Me has hecho pasar muy buenos
momentos de lectura. En fin, gracias por tu libro y por lo que disfruté
leyéndolo.
Raúl Brasca, correo electrónico, 9, agosto, 2016.
Querido Javier:
Acabé hace días la lectura de tu Anatomía
de una ilusión, pero sólo hasta hoy puedo escribirte. Disfruté mucho su
lectura, me divertí y aprendí. Nuestro amigo Antonio Soria, creo, hizo una
magnífica reseña del libro. Pero yo creo que detrás de esos microtextos
escondes material para lo que podría ser un buen par de novelas.
Te abrazo con afecto,
Leandro Arellano, correo electrónico, 3, agosto, 2016.
Javier: Después de algunos
desencuentros y peripecias, llegó a mis manos tu libro, que leeré con fruición.
Por ahora, solo he admirado la tapa, muy creativa por cierto, y la calidad
impecable de la edición. En cuanto lo disfrute, te comentaré mi lectura.
Muchísimas gracias,
y un abrazo desde una Rosario que de a poco se va vistiendo de primavera.
Graciela Tomassini,
correo electrónico, 18, agosto, 2016.
Estimado Javier
En tiempos difíciles
para mí, tu Anatomía de una ilusión obró como un bálsamo. Necesitaba
tanto la dicha como esa particular serenidad que provoca la buena lectura.
Elegí “Vestida de playa”, ya que Piedra y Nido alberga muy pocos micros eróticos y este tuyo es de
una delicadeza que deslumbra. Gracias.
Será publicado el lunes
19 de junio, o el domingo anterior, depende de mis tiempos últimamente muy
acotados. Desde luego, te etiquetaré cuando lo promocione en Facebook.
Fortísimo abrazo,
Patricia, correo electrónico, junio 6, 2017
domingo, 6 de marzo de 2016
¿DÓNDE QUEDARON LAS SIRENAS?
David
Baizabal
El
cazador de jíbaros, el persecutor de sirenas, el examinador de aforismo, es
ahora la presa, el perseguido, el auscultado. En Dinosaurios de papel Javier Perucho se abalanzó sobre las letras
breves desde el ensayo, el ojo histórico y crítico; la fascinación por las
emociones encapsuladas en el microrrelato y no tanto las hipótesis de la teoría
literaria es lo que sustenta el mentado libro. Lo mismo sucede con El cuento jíbaro y Yo no canto, Ulises, cuento, una antología sirenaica que vería más
tarde su secuela en su reciente La música
de las sirenas.
El
antólogo de mujeres sirénidas se convierte en coleccionista de sus propias
historias en Enjambre de historias,
publicado por la unam-cch Naucalpan
en el apenas despedido 2015. Estas historias enjambradas en seis secciones no
son una colección de anécdotas de temática dispersa. Qué noche tan triste, Los derrumbes de la noche, Enjambre de historias,
Lola la parvularia, Pregones I y Pregones
II, son las casillas que guarecen esta colonia de letras.
Enjambre de historias no es un libro de microrrelatos
al uso, incluso, si vemos al microrrelato con los ojos más contemporáneos
dejando atrás la escuela arreoliana y aubiana, podríamos decir que no es un
libro de microrrelatos. Ahora me explico, espero. Hay una sensación de
extrañeza en la lectura de esta opera
prima de Perucho: los textos por sí mismos, es decir, de forma
independiente, aislada, no cuentan mucho, y eso puede desorientar y desencantar
a los lectores asiduos de la microficción contemporánea (es verdad que la
minificción es de por sí contemporánea, pero me refiero a la época más cercana
a nosotros, la que se inaugura una vez consumada la —según se admite en el
círculo académico— época dorada del microrrelato mexicano: Torri, Arreola y
Monterroso). Y es que las historias de este enjambre no son iguales en número a
los textos sino que se desarrollan a lo largo, o a lo corto, de varios de
ellos. Las luces de La feria de
Arreola alumbran esta obra: textos aparentemente autónomos por llevar un título
propio, forjan más de una historia.
Me
parece, por éste y otros motivos que enseguida expondré, que Enjambre de historias se arriesga
positivamente como una propuesta innovadora en la microficción mexicana,
Perucho ha llevado por otros derroteros a las letras mínimas alejándose de los
textos de humor fácil, final sorpresa y organización típica. Puede parecer, por
esto, un libro de ideas repetidas o de textos inacabados, un cuaderno de
trabajo publicado; pero hay que tener en cuenta, y no se me acuse de falaz, que
el autor es conocedor de los mecanismos, tradición e implicaciones de la
brevedad, hay conocimiento de formas, contenidos y organización detrás de estas
aparentes redundancias.
El otro
componente de la propuesta, que también puede resultar incómodo para los ojos
sensibles, es la temática del libro: Ayotzinapa, secuestro, asesinato, sexo.
¿Por qué meterse con la impunidad?, simplemente respondemos ¿por qué no? ¿Acaso
la poesía no ha servido como vehículo de protesta?, ¿y la novela?, ni qué decir
del ensayo. Nadie dijo que las letras mínimas fueran exclusivas del jolgorio,
de la risa, del juego de palabras. Qué
noche tan triste nos recibe con el puño en la nariz: los 43 regresan a la
memoria y nos sacuden, nos remueven de nuestra comodidad. Y algo similar sucede
en Los derrumbes de la noche, donde
la violencia, el secuestro, el odio generado por estos desgarres, hilvanan
historias repartidas en fragmentos de desconsuelo. Cierta impronta de Aub se
percibe en el tono cínico, pero no absurdo, de esta serie; preguntar si es un
crimen matar a su propio secuestrador no es, para nada, una pregunta retórica.
Y qué
hay de Lolita, personaje que
evoluciona según avanzamos en la lectura de este cuento fragmentado; porque eso
es, al final, la serie Lola la
parvularia, un espacio donde dos personajes y su historia erótica se
transforman prescindiendo del cuento canónico. Una novela revisitada en un
cuento conformado de brevedades que, aun si se prefiere, pueden leerse cada uno
por separado.
El
apego por el aforismo tiene su desplante en los Pregones, una colección de textos brevísimos —algunos los llamarán
hiperbreves— imposibles de encasillar en una unidad temática. Sentencias que
delatan los matices predilectos de los géneros breves para Javier Perucho. Y en
este punto es interesante hacer notar la práctica ausencia de sirenas,
paradójico asunto teniendo en cuenta esta fascinación del sirenólogo.
El
punto más flaco quizá sea que la serie que da título al libro albergue menos de
una decena de textos, dejándola un tanto desequilibrada, y esta recreación
intertextual de Lolita que se
aproxima más a la concepción actual de un libro de microrrelatos. Observaciones
nimias que no desmerecen esta nueva apuesta por la brevedad. Ojalá el lector se
anime a esta lectura que lo hará sentir en carne propia las angustias y
fantasías del mundo.
Javier
Perucho, Enjambre de historias,
México, unam-cch Naucalpan, 2015, 75
pp. (Naveluz)
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