sábado, 3 de diciembre de 2011

ESCALERAS AL CIELO

Las Pozas
En la entrega anterior prometí una estampa sobre Las Pozas, ese asiento silvestre de la escultura surrealista. Ahora la presento con estas joyas publicitarias que me encontré mientras caminaba por sus calles. Un rótulo estampado sobre una pared lateral anunciaba el nombre del negocio y su giro mercantil: “Chatel”, telefonía e internet. Otro predicaba “El Corte Maestro”, una peluquería atendida por un anciano que se esmeraba con las tijeras sobre la nuca pilosa de un parroquiano. Vista desde la calle, el mueble más preciado de la peluquería es el viejo sillón con su afilador, necesario pedal y asiento mullido en rojo, que en otros tiempos distinguía a esos espacios ahora perdidos de la masculinidad.
Ahora bien, Las Pozas se encuentra a unos cuantos kilómetros del pueblo, uno puede llegar hasta ahí por una brecha de terracería andando, en taxi o el automóvil cotidiano, pues las lajas de río que la asfaltan se dejan transitar sin objeción alguna. Caminamos ese trayecto pedregoso durante el ocaso Michael Pfister, Rocío, nuestra guía local, y yo. Como citadino irredento, la flora, la fauna y la pedrería me son absolutamente desconocidas, por lo que me traje un guijarro, una lasca verdosa en forma de trapecio perfecto, a pesar de su origen silvestre. Ahora me acompaña en mi cubículo, resguardando la puerta como su tope, que así le llaman por acá a la barrera para atrancar la puerta que se abre sin solicitárselo.

Las Pozas es una construcción mitad naturaleza y mitad artificio. Su benefactor fue Edward James, poeta, constructor y mecenas del arte europeo y mexicano. En medio de la selva huasteca, en un ángulo de la cadena montañosa, levantó habitaciones, esculturas, escaleras sin destino, puertas sin trasfondo, un baño en medio del río, flores de piedra, un arco de ìntegra circunferencia que da la bienvenida al visitante. Y muchos caminos escalonados adoquinados con las lajas que abundan en el sitio —el baterista de Mitote Jazz auscultó muchas piedras de río para inventar un “litógrafo”, así lo llamó, de muy hermoso timbre, estrenado en la tocada de clausura, que aún resuena en mi memoria auditiva—. Convertido en parque público, se puede visitar en un par de horas, o transitar en una cansada jornada completa si se pretende conocer al detalle las varias hectáreas que lo conforman, donde James sembró multitud de esculturas escherianas en mancuerna con su amasio, según cuenta la leyenda, y que los libros sobre el mecenas han consagrado. Como está enclavado en el vértice de dos montañas, el camino es silvestre, irregular, en ocasiones las plantitas lo invaden; en otras, un árbol derruido o un cataclismo han hecho de las suyas con el monte o las edificaciones.
Por su altitud y clima subtropical, el agua abunda, aunque el frío y la neblina pueden sorprender al paseante desaprensivo. En algún momento de su historia las orquídeas abundaron, así como los caracoles que encierra el nombre emblemático del poblado (Xilitla), y la fauna endémica de la región tiende a desaparecer acaso por los rigores del hambre, los procesos invasivos de la ganadería y la presencia cada vez mayor del turismo bárbaro. No resulta extraño ni sorprendente encontrar en una senda colillas, bolsas, empaques y botellas de plástico, como si nadie nos hubiera educado para conservar limpio esos bienes naturales.
Aunque se encuentra en medio de la serranía, Las Pozas dispone de las comodidades de la vida mundana: un cajero bancario, conexiones a internet y celular, televisión por cable. Así que nadie se aburrirá ni se sentirá desamparado en medio de tanto florilegio natural. Y como la seguridad es el síndrome nacional, Xilitla, siendo el epicentro cultural, administrativo y político de la región, no ha sido avasallado todavía por el terror. En el resto de la Huasteca potosina, escuché decir a más de un nativo, la violencia ha desbordado las comunidades. En este momento, Xilitla vive la paz de los hombres justos. Nunca presencié nada extraordinario, agresivo o disruptivo de la vida cotidiana mientras transité por sus calles en las diferentes horas del mesurado día o de la alta noche. Por contraste, mi ciudad de origen lleva tatuada en sus calles la violencia gratuita.
Las maldiciones del cambio climático, más la erosión y la ganadería atenazan ese locus amoenus del arte, antes que desaparezca o quede en ruina precolombina, procura visitar Las Pozas en Xilitla, donde también podrás chapotear entre sus azuladas aguas de río.

Fotografía: Jorge Vértiz, 2007, Fondo Xilitla. Reproducción no venal. 

jueves, 1 de diciembre de 2011

POSTAL

Fin de curso


Integrantes de uno de mis grupos del semestre que termina. Amontonados en mi cubículo de la UACM, se encuentran en desorden Ismael, Mariana, Rocío, Karen, Leopoldo, Jesús, Luis, Lourdes, Luis, Mayra, Saúl, más JP.
Fotografía de Ismael Jiménez.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

CONGRESO DE XILITLA

Surrealismo en Las Pozas
En la década de los sesenta seríamos una parvada de jipies viajando en un destartalado autobús florido, pero ya instalados en la centuria somos un grupo diverso integrado por varias generaciones de músicos, pintores, escritores, cantantes, dramaturgos y “oyentes” que viajan a la Huasteca potosina en pos del Segundo Encuentro Internacional Surrealismo Hoy realizado en Xilitla, lugar de caracoles en náhuatl, según me informaron varios pobladores nativos, pronunciando la toponimia con “j”. El viaje de esta tribu descalza fue comando por Fernando Betancourt, nuestro anfitrión potosino, quien resolvió cada uno de los imponderables del encuentro con madurez y sabiduría.
El trayecto nos ocupó entre ocho y nueve horas de camino, no porque se encuentre muy lejos el mágico poblado, sino por el camino sinuoso y serrano del trayecto carretero, aparte de que al volante lo mandataba un chofer novato para un camino tan espinoso, laberíntico, además de acuoso.
Previo a abordar el camión, conozco a Michael Pfister, suizo residente en México por su año sabático, traductor al alemán del marqués de Sade, cuya novela libertina Justin le ocupó diez volúmenes en la edición alemana. A él y su amigo les llevó diecisiete años terminarla. Por su reseña, entiendo que aparte de la biografía del autor, acompañan a dicha novela estudios críticos, ilustraciones y demás documentos para disfrutar tanto la novela como explicar al divino marqués.
El trayecto lo ocupamos en la tertulia, desarreglar como siempre es habitual el mundo y otros menesteres, que me ayudaron a informarme de cultura alemana, literatura suiza, corregir mi pronunciación barbárica del alemán —soy aprendiz del nivel I— y familiarizarme con la idiosincrasia helvética.
Al fin llegamos el miércoles por la tarde, y luego de soltar el aturdimiento y el azoro de vernos abandonados a nuestra suerte en una tierra ignota, un alma caritativa nos llevó a un restaurant por unos tacos, quise decir, unos guisos sin gastronomía. Luego nos instalaron en nuestros respectivos hoteles, pues los invitados sumábamos una cuarentena. Más tarde la tertulia se prolongó como es habitual hasta la madrugada por la charla, la situación del país, nuestros proyectos y demás asuntos mundanos que se tratan entre amigos.
El jueves a la mañana empezó el encuentro al que fuimos convocados, el Segundo Encuentro Internacional Surrealismo Hoy, donde fueron abordados temas tan caros a esa vanguardia, sus repercusiones en el arte actual y asumida herencia cultural. Del día destacó la proyección del documental de Javier Espada, El último guión, que narra de viva voz la presencia de Luis Buñuel en diferentes escenarios, países y espacios, testimoniados por diferentes personalidades, pero guiados por Jean Claude Carrière, su guionista en varios proyectos fílmicos. Por los testimonios recogidos, la selección rica de la iconografía, la novela familiar de don Luis y los pasajes explicados, la película se convierte en un material necesario para explicarnos al Buñuel cineasta.
Como parte del congreso se verificó al día siguiente el homenaje al escritor Francisco Tario, El equinoccio de Xilitla, para conmemorar el centenario de su nacimiento, donde intervinieron el editor guatemalteco afincado en México, Carlos López, el narrador Mario González Suárez, prologuista de la cuentalia del homenajeado, y este tecleador, quien expuso una “Endemia del escritor raro”, de pronta aparición en el Miretario.
Por la tarde del jueves se realizó una charla no carente de interés, “La mujer en el surrealismo”, donde un panel compuesto por tres investigadoras del arte expusieron con ilustraciones sus particulares perspectivas de género sobre una temática importante para la vanguardia, sus artífices, parejas, musas, símbolo y leitmotiv del arte pictórico surrealista.
El viernes la primera conferencia abordó el tema de la violencia y el surrealismo, que despertó mucho entusiasmo entre los asistentes y el público, pues la mesa estaba integrada además por los poetas Ignacio Betancourt, Eduardo Milán y Eduardo Vázquez Martín, quienes desde su entusiasmo y saber crítico expusieron la relación connatural del binomio, además de su relación con el país violento y el régimen. Las intervenciones de los asistentes fueron las más copiosas del encuentro. Por la tarde se realizó otra mesa memorable sobre el surrealismo en las artes, donde Aldo Rodríguez, músico y locutor de radio en su natal Culiacán, ilustró con detalle la influencia de la última vanguardia en la música orquestal; de particular interés para mí fue la emisión sonora de la Gnossienne, por su abrumadora belleza musical y brevedad sonora. Gustó sobremanera la exposición que planteó Javier Espada, virtual director de la casa Buñuel en México pronta a inaugurarse, quien en su recorrido por el cine internacional ilustró a los concurrentes con segmentos fílmicos entresacados de la filmografía francesa, norteamericana, mexicana y española, entre otras, las formas, imágenes y directores que abrevaron en la abigarrada imaginería surrealista. Hasta aquí el encuentro. De Las Pozas, asiento natural de la imaginación surrealista, vendrá otra estampa, al igual que la descripción de Xilitla, por ser un lugar hospitalario, por su clima benigno, flora inacabable y don de gentes de sus habitantes exige que le rinda una atenta crónica a la majestad de su paisaje.


En el orden desacostumbrado: JP, Mario González Suárez y Carlos López. Fotografía de Fernando Betancourt. 

jueves, 17 de noviembre de 2011

TESIS ELECTRÓNICA

Número otoñal

Ya salió el número otoñal de El Cuento en Red correspondiente a su número 24, cuya edición contiene la tesis íntegra de Dolores M. Koch, que presentó en 1984 en la Universidad de la Ciudad de Nueva York para obtener el grado de doctor. Acompañan al estudio pionero sobre el microrrelato mexicano un par de reseñas y otro par de decálogos para el deleite y la ponderación de los lectores.
He aquí el link de la revista: