martes, 16 de octubre de 2012

VII SIMPOSIO INTERNACIONAL DE MINIFICCIÓN


Programa
1 de noviembre de 2012.
Universidad Humboldt e Instituto Ibero-Americano.

9.00 hrs.: Inauguración: Barbara Göbel, Directora del Instituto Ibero-Americano, y los organizadores del evento (Lugar: Universidad Humboldt e Instituto Ibero-Americano).
9.30-10.15 hrs.: Conferencia inaugural: Juan Armando Epple (University of Oregon): “Precursores de la minificción latinoamericana”.

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Sección 1: Teoría y narratología del microrrelato y de la nanofilología.
10.30-11.45 hrs.:
Reinhold Kliegl (Universität Potsdam): “What the Eyes Tell us About the Dynamics of the Mind”.
Ottmar Ette (Universität Potsdam): “Nanofilología y teoría literaria”.

11.45-13.00 hrs.:
Lauro Zavala (Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, México): “Hacia una narratología de la minificción”.
Fernando Valls (Universidad Autónoma de Barcelona): “Por qué el microrrelato es un género literario”.

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Sección 2: El microrrelato literario en España e Hispanoamérica (Lugar: Instituto Ibero-Americano, Sala Simón Bolívar).
15.00-16.45 hrs.:
Ángeles Encinar (Saint Louis University, EE.UU., Campus Madrid): “Últimas tendencias en el microrrelato hispánico”.
Irene Andres-Suárez (Université de Neuchâtel, Suiza): “La recepción de Borges en el microrrelato español”.
Laura Pollastri (Universidad Nacional del Comahue, Argentinien): “Ínsulas mediterráneas: el microrrelato patagónico (Argentina y Chile)”.

17.00-18.45 hrs.:
Francisca Noguerol (Universidad de Salamanca): “Minificción y grotesco: una pareja bien avenida”.
Andreas Gelz (Universität Freiburg): “Microrrelato y novela-convergencias y divergencias”.
Carmen Valcárcel (Universidad Autónoma de Madrid): “El microrrelato en femenino”.
19.30-21.00 hrs.: Programa cultural: Lecturas de microrrelatos (Lugar: Instituto Ibero-Americano).

2 de noviembre de 2012 (Lugar: Instituto Ibero-Americano).
Sección 2: El microrrelato literario en España e Hispanoamérica.
9.00-10.45 hrs.:
Antonio Serrano Cueto (Universidad de Cádiz): “La tradición clásica en el microrrelato: la órbita homérica y otras estelas”.
Guillermo Siles (Universidad Nacional de Tucumán): “Franz Kafka y los microrrelatistas latinoamericanos”.
María Isabel Cortijo Delgado (Universidad de Castilla La Mancha, Albacete): “La fauna de Hipólito G. Navarro”.
Darío Hernández (Universidad de La Laguna, Tenerife): “Los microrrelatos de José Moreno Villa. Primeras aproximaciones”.

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Sección 3: Microrrelatos e internet: nuevas posibilidades de la difusión de la minificción.
11.00-12.15 hrs.:
Henry González Martínez (Universidad Pedagógica Nacional de Colombia, Bogotá): “El desarrollo de la minificción en ambientes hipermediales”.
Graciela Tomassini (Universidad Nacional de Rosario, Argentina): “Los litblogs de La Fabularia: un universo rizomático en expansión”.

12.15-13.00 hrs.:
Azucena Franco Chávez (Universidad Nacional Autónoma de México): “La minificción y las tecnologías de información y comunicación”.
Martín Gardella (Buenos Aires): “Microficción 2.0: la invasión de los microrrelatos en la red”.

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Sección 4: Microrrelatos y medios masivos de comunicación (radio y cine).
14.30-16.15 hrs.:
Dieter Ingenschay (Humboldt-Universität zu Berlin): “Del spot al blog. El microrrelato en sus realizaciones mediáticas”.
Javier Perucho (UACM-México): “El microrrelato por otro medio (el programa El peso exacto de un colibrí de Radio UNAM)”.
Friedhelm Schmidt-Welle (Ibero-Amerikanisches Institut, Berlín): “Microrrelatos y cortometrajes en México: ¿estructuras paralelas?”

16.30-17.15 hrs.:
Rike Bolte (Humboldt-Universität zu Berlin): “Micromedios-intervenciones secuenciales y elípticos: la minificción en el contexto de la radio, el cine y el comic”.
Jorge Gómez Vázquez (Universidad Nacional de Educación a Distancia): “La potencia de la minificción en la literatura española contemporánea: la atracción por lo mínimo en el teatro actual”.

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Sección 5: Microrrelatos: perspectivas de un género híbrido.
17.15-18.00 hrs.:
Adélaïde de Chatellus: (Université de Paris Sorbonne): “Los microrrelatos de Andrés Neumann”.
Ana Rueda: (University of Kentucky): “El vértigo del inventario: Un extraño envío de Julia Otxoa”.
Gabriela Espinosa: (Universidad Nacional del Comahue): “Elogio de lo mínimo: Pedro Guillermo Jara y el microrrelato patagónico chileno”.
19.00-20.30 hrs.: Programa cultural: Lecturas de microrrelatos (Lugar: Instituto Ibero-Americano) y presentación de la Red Internacional Investigadores de la Minificción (REDMINI)

3 de noviembre de 2012 (Lugar: Instituto Ibero-Americano).
Sección 5: Microrrelatos: perspectivas de un género híbrido.
 9.30-10.45 hrs.:
Rose Seifert (Universität zu Köln): “Parar salir corriendo: anotaciones microficcionales a la historia universal en los cuentos brevísimos de Pía Barros y Ana María Shua”.
Julio Prieto (Universität Potsdam): “Distancias cortas: Microrrelato y derivas genéricas en Marosa di Giorgio”.
Basilio Pujante Cascales (Universidad de Murcia): “El canon en el microrrelato del siglo XXI.
11.00-12.30 hrs.: Mesa redonda y debate final: Minificciones literarias y mediáticas en un mundo en red.

lunes, 15 de octubre de 2012

INVITACIÓN

El poeta de los raros


viernes, 12 de octubre de 2012

DE UTILIDAD SÚBITA


MÓNICA LAVÍN

Decálogo del escritor súbito (De utilidad para el escritor de minificciones)

1. Atiende al rayo, la chispa de donde sale la minificción. Ese será tu momento de iluminación.
2. Comprende que, como con los destilados de agave, hay que tirar las colas y que la doble destilación ayuda a la pureza del producto final.
3. Solázate en la ambigüedad de las palabras y las expresiones.
4. Olvida la desmesura (sólo en el aliento de la narración).
5. Sé el fiel de la balanza: que no sobre nada, que no falte nada. En caso de imprecisión: es preferible que falte algo.
6. Nunca aclares: tu arma es la sugerencia.
7. Una minificción es como un Alka Seltzer. Comprimida y blanca se expande y burbujea en el ánimo del lector. En su punto, alivia; a destiempo, asfixia.
8. Para escribir una minificción hay que tragarse un tazón de palabras y regurgitar las necias y poderosas. De ellas es el imperio del cuento corto. Hacerlo en ayunas da mejores resultados.
9. La mitad de la minificción es el título. Sin él la ficción está a medias; si lo encuentras antes llevas la mitad del camino andado.
10. El knock out de la minificción es mortal. Aunque el lector sea el último en enterarse.

Mayo 2006


Fuente: El cuento jíbaro. Antología del microrrelato mexicano, México, Ficticia-Universidad Veracruzana, 2006, p. 127.

miércoles, 10 de octubre de 2012

SIRENA RIOPLATENSE


MARIO BENEDETTI


Un reloj con números romanos

No se culpe a nadie de mi vida.
Julio Cortázar

¿Te llama la atención mi reloj? A mí siempre me gustaron los relojes con números romanos. ¿Crees que está atrasado porque marca las once y cuarto? No, no está atrasado. Simplemente, hace diez años que está detenido en esa hora. ¿Por qué? No es tan simple de contar. Nunca hablo de eso, nada más que por miedo a que no me crean. ¿Serías capaz de creerme? Entonces te lo cuento. Más que un recuerdo, es un homenaje. Diez años. Recuerdo la fecha, porque todo ocurrió al día siguiente de mi cumpleaños. Tenía quince y estaba bastante orgulloso de mi nueva edad. Pasaba ese verano en casa de mis tíos, en un pueblecito mallorquín, en medio de un increíble paisaje montañoso. Después de las muchedumbres y el tránsito enloquecido de Barcelona, aquello era un paraíso. Por las mañanas me gustaba ir a la cala que quedaba allá abajo; en hora tan temprana estaba siempre desierta. En esa época nadaba muy mal, así que nunca me alejaba mucho de la orilla porque en ciertos momentos del día las olas, altísimas y todopoderosas eran siempre un peligro. Me bañaba desnudo y eso constituía todo un disfrute en aquel agosto particularmente caluroso. Esa mañana descendí casi corriendo por el sendero irregular y pedregoso que llevaba a la cala, y una vez allí, sin mirar siquiera a mi alrededor, me quité el short. Iba a meterme en el agua, cuando sentí que alguien me gritaba, algo como buenos días. Miré entonces y vi a una mujer joven, morena, hermosa. Llevaba una mínima tanga, pero su busto estaba al descubierto. Sentí un poco de vergüenza y me tapé con las manos, pero ella empezó a caminar y enseguida estuvo junto a mí. No tengas vergüenza, dijo (en un correcto español pero con acento extranjero, como si fuese inglesa o alemana). Mira, yo también me quito esta menudencia, agregó, y así estamos iguales. Preguntó cómo me llamaba y le dije que Tomás. Tom, repitió ella. Eres lindo, Tom. Creo que me puse rojo. Ven, dijo, y tendió su mano hacia mí. Yo le di la mía. Ven, repitió y me miró calmosamente. Sonreía, pero era una sonrisa triste. ¿Nunca has estado con una mujer? Dije que no, pero sólo con la cabeza. ¿Y qué edad tienes? Ayer cumplí quince, contesté con mi orgullo algo recuperado. Entonces empezó a acariciarme, primero los hombros, luego el pecho (yo reí porque me hizo cosquillas), la cintura, siempre sonriendo con infinita tristeza. Cuando llegó a mi sexo, éste ya la estaba esperando. Entonces sonrió más francamente y con un poco menos de tristeza, pero no se detuvo allí, continuó acariciándome y así llegó a mis tobillos y a mis pies llenos de arena. En ese momento comprendí que me estaba enseñando algo y resolví ser un buen alumno. También yo empecé a acariciarla, pero en sentido inverso, de abajo hacia arriba, pero cuando llegué a aquellos pechos tan celestiales, me sentí desfallecer. De amor, de angustia, de esperanza, de nueva vida, de qué sé yo. Nunca más he sentido una sensación así. Entonces, sin decirnos nada, nos tendimos un poco más allá, donde el agua apenas lamía la arena, y ella prosiguió minuciosamente su clase de anatomía. La verdad es que a esa altura yo ya no precisaba más lecciones y la cubrí sin ninguna timidez, casi te diría que con descaro. Y mientras disfrutaba como un loco, recuerdo que pensaba, o más bien deliraba: esta mujer es mía, esta mujer es mía. Cuando todo acabó, continuó besándome durante un rato. Luego se quitó el reloj (precisamente este reloj) de su muñeca y me lo dio. Mira, se ha detenido, eso quiere decir algo, guárdalo contigo. Y yo, que siempre había querido tener un reloj con números romanos, lo puse en mi muñeca, a ella le dije gracias y la besé otra vez. Entonces dijo: Eres lo mejor que me podía haber pasado, justamente hoy. Ahora me voy contenta, porque nos descubrimos y fue algo maravilloso, ¿no te parece? Sí, maravilloso, pero a dónde vas. Al mar, Tom, me voy al mar. Tú te quedas aquí, con el reloj que se ha detenido, y no digas nada a nadie. A nadie. Me besó por última vez y su lengua estaba salada, como si fuera un anticipo del mar que la esperaba. Empezó a caminar lentamente, se metió en el agua y de inmediato fue rodeada por el coro de las olas, que cada vez se fueron encrespando más. Ella siguió avanzando, sin nadar, dejándose llevar, empujar, acosar violentamente por aquel mar que (lo pensé entonces) era un viejo celoso, desbordante de ira y de lujuria. Un viejo que no la iba a perdonar y a mí me salpicaba como escupiéndome. Y así hasta que la perdí de vista, porque las olas, una vez que golpeaban en las rocas, regresaban con ímpetu y la llevaban cada vez más lejos, más lejos, hasta que por fin tomé conciencia de mi abandono y empecé a llorar, no como un muchacho de quince años sino como un niño de catorce, sobre los despojos de mi brevísima, casi instantánea felicidad. Jamás apareció su cuerpo en las costas de Mallorca, nunca supe quién era. Durante unos meses quise convencerme de que tal vez fuese una sirena, pero luego descartaba esa posibilidad, ya que las sirenas no usan relojes con números romanos. Bueno, creo que no usan relojes en general. Aun hoy, cuando voy de vacaciones a Mallorca, bajo siempre hasta la cala y me quedo allí, desnudo y a la espera, dispuesto a darle cuerda nuevamente al reloj no bien ella surja desde el mar, huyéndole a las olas iracundas de aquel viejo rijoso. Pero ya ves, en mi reloj de números romanos las agujas siguen marcando las once y cuarto, igual que hace diez años.


Mario Benedetti, “Un reloj con números romanos”, en Cuentos completos (1947-1994), prólogo de José Emilio Pacheco, México, Alfaguara, 2001, pp. 517-518.