lunes, 16 de julio de 2018

CONGRESO INTERNACIONAL DE MINIFICCIÓN EN ST. GALLEN


 Lauro Zavala

Las nuevas perspectivas teóricas presentadas en el Décimo Congreso Internacional de Minificción fueron una respuesta a la Convocatoria, donde —por primera vez en 20 años— se hizo una invitación a presentar trabajos sobre la brevedad no sólo en literatura, sino también en música, cine y artes gráficas.
El congreso se inició con la conferencia presentada por Lauro Zavala, de México. En esta conferencia se señaló la conveniencia de utilizar el concepto de verdad ficcional, que se distingue de otros tipos de verdad porque su sentido depende del contexto de enunciación. Así, una mini-ficción es un texto muy breve de carácter literario, musical, gráfico o de otra naturaleza que contiene una o varias verdades ficcionales que dependen de la interpretación de sus lectores.
A partir de esta definición se puede reconocer la existencia de tres tipos de minificciones literarias: los géneros breves surgidos antes del siglo XX (como el poema en prosa o el hai ku); las versiones breves de géneros canónicos (como el ensayo o el cuento), y las versiones literarias de géneros muy breves ajenos a la literatura. Esto último puede ser considerado como un nuevo género literario, y puede incluir epitafios, instructivos, definiciones y más de 100 géneros extraliterarios convertidos en literatura cuando son reescritos con el empleo del juego, la ironía, la intertextualidad y la metaficción. Hay consenso en utilizar el término microrrelato para referirse sólo a textos narrativos, y minificción para cualquier texto literario muy breve.
Por su parte, la brevedad gráfica, filosófica, musical o audiovisual también tiene una naturaleza sintética, alusiva, elíptica y sugerente, a la vez metafórica y metonímica, debido a su carácter entimemático. El gradiente de narratividad tiende a ser inversamente proporcional a la extensión del texto y la presencia de los otros componentes textuales ya mencionados, como ironía, hibridación y metaficción.
Esta visión panorámica fue confirmada por muchos de los trabajos presentados a lo largo del congreso. Fernando Sánchez Clelo, de Puebla (México) presentó una tipología de la escritura híbrida, es decir, de literatura irónica no narrativa de carácter muy breve; Ary Malaver, investigador peruano radicado en North Georgia, presentó el estado del arte en los estudios sobre nanometraje; Karlos Linazasoro, de Guipúzkoa, leyó algunos ejemplos de teatro muy breve; Ana Merino, investigadora española radicada en Iowa, proyectó varios sorprendentes ejemplos de humor gráfico, comics y periodismo de opinión; y Jordi Masó Rahola, de Barcelona, al presentar algunas estrategias de la brevedad en música clásica, interpretó diversos ejemplos al piano.
Las presentaciones académicas se alternaron con la lectura de textos literarios de escritores como Azucena Rodríguez (México), Lorena Escudero (Cambridge), Diego Muñoz Valenzuela (Chile), Julia Otxoa (Donostia), María Gutiérrez (Canarias), Rafael Ángel Herra (Costa Rica), Teresa Rodríguez Roca (Bolivia), Esther Andradi (Buenos Aires-Berlín), Raúl Brasca (Buenos Aires) y Gemma Pellicer (Barcelona). También se presentó en escena Ajo (Madrid) acompañada por la DJ Judit Farrés (Barcelona). Y en algunos intersticios entre una ponencia y otra, Clara Brunet y Victor Soares (Basilea) cantaron brevísimas arias a capella.
Otras presentaciones estuvieron dedicadas a campos específicos de la investigación, como es el caso de la tweeteratura contemporánea (Paulo Gatica); la estética del fragmento (Ana Calvo); la función de los memes en el internet (Javier Ferrer), y la actual escritura breve en Francia (Laura Eugenia Tudoras). También hubo presentaciones sobre escritores individuales, como Marina Colosanti (por Ana Sofia Marques); Pablo García Casado (por Itziar López-Güill); Eduardo Scala (por Javier Helguera); Cristina Peri-Rossi y Julia Otxoa (por Fernando Valls).
En otro momento también se presentó una poética personal de la brevedad (por Camilo Franco); la rememoración del mayo francés (por Stella Maris Poggian y Ricardo Haye); una historia de la narración breve en el País Vasco (por Irene Andrés-Suárez), y un emotivo collage de poéticas de la escritura breve (por Francisca Noguerol). El co-anfitrión Ottmar Ette (de la Universidad de Potsdam) habló sobre la brevedad y el futuro, y anunció la publicación de las memorias del congreso en 2020. El Congreso terminó cuando Ary Malaver y Ana Calvo anunciaron, respectivamente, las sedes de los próximos congresos internacionales: Lima (Perú) en 2020 y Madrid (España) en 2022.
En este congreso participaron 32 investigadores y escritores provenientes de Alemania, Argentina, Bolivia, Brasil, Costa Rica, Chile, España, Estados Unidos, Francia, Inglaterra, México, Perú y Suiza. El congreso confirmó las palabras de bienvenida que la anfitriona Yvette Sánchez (de la Universidad de St. Gallen) dirigió a los participantes el primer día, al recordar que el congreso internacional es una celebración de la brevedad y un espacio para la conversación y el intercambio de ideas, con lo cual se mantiene vivo el espíritu de la investigación.
¡Larga vida al congreso internacional!








miércoles, 11 de julio de 2018

CENTENARIO DE ALÍ


alí chumacero, a orillas del libro

  
Cómo no lo recordaremos sino por su risa plena, sonora y franca; por su elocuencia, picardía y estatura apabullante. Una cabellera otrora leonina y, antes de su partida, una maraña plateada. Aficionado al whisky, la riqueza y los manjares. Enamoradizo y de palabra galante frente a la beldad femenina. Una gallardía de porte. El maestro de poetas. Un instructor de editores, formador de colecciones y director de revistas. Y más que todo eso, Alí Chumacero fue un lector insomne de las novedades librescas, así como un revisionista de los acervos literarios. El retrato de Alí ya fue bocetado, aunque su biografía intelectual está por emprenderse. Su poesía fue escudriñada y rastreada hasta la raíz de sus fuentes, anotadas sus temáticas, documentado cada influjo e interpretada. Sin embargo, el método, perspectiva y legado de su crítica requiere de una atención que pondere los afanes de una faceta que su poesía eclipsa: la de analista literario. Chumacero ejerció como crítico atentísimo al registro y la ponderación del quehacer literario de su presente, aunque también fue un escrupuloso censor de la prosa y la lírica decimonónicas.
Ganó su nicho en la república literaria por Páramo de sueños (1944), Imágenes desterradas (1948) y Palabras en reposo (1956), libros esenciales del medio siglo. En uno y otro funde tópicos como la separación de los amantes, la muerte, la soledad. Con ellos fincó una poética del silencio, que él llamó “a la orilla del silencio”. “Su aprendizaje en el silencio —escribió José Emilio Pacheco— fue también su aprendizaje del silencio.” Asimismo fue un crítico durante treinta años en las revistas que fundó o fue convidado a participar, además de tipógrafo y editor con cuyos oficios se ganó el pan, pero sobre todo fue, repito, un lector que puso en práctica un modo de relacionarse con los libros a través de la reseña, una tarea en vías de extinción cuya sobrevivencia depende de los suplementos culturales.
En una entrevista le compartió a Marco Antonio Campos los límites y propósitos de su ejercicio: “Nunca fui más allá de la reseña, pero solía poner en cada una de mis colaboraciones un poco más que la simple elucidación de influencias en el texto criticado.”
Los momentos críticos (FCE, 1987) compila este trabajo de humilde reseñista. La espiga y documentación de este volumen estuvo a cargo de Miguel Ángel Flores (1948-2018). En el prólogo asienta que el nayarita fue de los primeros lectores en comentar la poesía de Jorge Luis Borges, cuando era secreto en posesión de unas cuantas manos, y ponderó los bajos fondos, el infierno del ángel caído y los héroes menores y sin historia entretejidos en las narrativas de José Revueltas.
En uno de esos ensayos, “Cometido crítico”, divulgó los postulados a que se atuvo mientras ejerció la íngrima labor de comentarista de libros. En él sustentó: “El crítico hurga en libros, periódicos, publicaciones de todas clases, buscando luces que lo conduzcan hacia la significación de una obra literaria, por medio del estudio de sus relaciones con aquellas personas y hechos que estuvieron presentes en el tiempo en que fue escrita. De esa manera, un poema va resultando conectado en el sitio que, al momento de ser escrito, sostenía con el mundo circundante.” Archivo, amistades, historia, significado, espacio de la obra literaria. Ahí se arraiga una forma de proceder de una crítica aún vigente que la virtualidad o el crowfunding amenazan con diluir.
Por la lectura de sus reseñas, se infiere la permanencia en su bagaje de la cultura literaria europea. Nerval, Pound, Larbaud, Keats, Rilke, Coleridge y un puñado de poetas resuenan en sus apuntes, que también se pueden documentar en el zócalo de su poesía. Fue un lector devoto de Cervantes, Kafka, Conrad, Maupassant, Balzac, Gide, Joyce y de una legión de narradores a los que alude como ejemplos, comparativa, modelos y formas de cristalización del canon de la novela.
En su didáctica Chumacero explicó a sus lectores, “en una novela un laurel es una pequeña rama, acaso un árbol; en tanto que, en poesía, un laurel puede significar —como en la historia— el fin a que el poeta mismo aspira”.
Una de las misiones de la crítica, predicaba el maestro, es “Intenta[r] establecer, bajo los aspectos más contradictorios y complementarios, la situación exacta de ese tipo humano que, a espaldas muchas veces de actos importantes y oportunidades que en otros aspectos lo conducirían al éxito, prefiere entregar su tiempo a la construcción de poemas cuya calidad empieza él mismo por poner en duda.”
Como la biografía del poeta abunda en tentativas, renuncias y autocrítica, finalizo con un enunciado predictivo del nayarita, que aplicó a la novelística de Emilio Rabasa, aunque ajustado al natalicio del acaponetense por su biografía, historia, obra y poética: “A los cien años de su nacimiento, la lectura de su reducida producción literaria lo hace crecer a nuestros ojos y hallar el reconocimiento de quienes saben que la literatura, además de una humorada de juventud, es un largo proceso.”

Laberinto, suplemento cultural de Milenio, Núm. 786, 7 de julio, 2015, p. 7. Pícale aquí:

Monográfico completo sobre Alí:

domingo, 17 de junio de 2018